Elitismos musicales (I)

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Últimamente oigo con bastante frecuencia el latiguillo “Odio eterno al fútbol moderno”, que expresa el descontento con los cambios que el mundo del balompié ha vivido en las dos últimas décadas. El proceso de hipermercantilización del deporte rey ha erosionado el deporte rey no solo en sus aspectos económicos, sino que ha provocado efectos colaterales en casi todos sus ámbitos. Uno de ellos es el deterioro del espectáculo, desde el momento en que la meta que persiguen jugadores y equipos ya no es ganar sino hacer de plataforma publicitaria eficaz al servicio de otras marcas comerciales. Otro de ellos es la práctica expulsión de las clases populares de los grandes estadios. Las subidas de precio en los abonos, los cambios en las normativas de seguridad y en la configuración de los propios recintos deportivos o los horarios de juego intempestivos han hecho que ver regularmente los partidos en el campo sea un privilegio inalcanzable para el que ha sido su público más fiel durante más de un siglo.
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Larga vida al Compact Disc

Kanye-West-Yeezus1

Entre la gente que a día de hoy escucha música es fácil encontrar defensores del vinilo, del MP3, del streaming e incluso de las viejas cassettes, pero hace ya varios años que la mayoría da por muerto al Compact Disc. Aunque tampoco todos. Me ha llamado la atención el caso de “Yeezus”, el álbum que Kanye West publicó el pasado mes de junio. En formato físico, este cuenta con un no-diseño en el que un jewel case –la típica caja de de plástico transparente- cerrado con un trozo de cinta aislante roja deja ver un CD que no lleva ninguna impresión. Esa imagen del disco en su funda ha sido reproducida en la infinidad de sitios que han reseñado “Yeezus”: no la de un vinilo, ni la de un cassette, ni la de un pendrive ni un teléfono móvil, sino la de un disco compacto. Con lo que entiendo que hay gente importante que a día de hoy aún reivindica este formato. Yo también lo hago, y por eso expongo aquí siete puntos por los que creo que no ha quedado aún obsoleto. Sigue leyendo

Modas del cine actual (II): remakes, readaptaciones y reestrenos

En los últimos años la cartelera comercial se ha ido llenando de presencias del pasado, ideas e historias que ya se han visto antes en otros libros, otros cómics u otras películas. Es un fenómeno parecido a todo lo que comenté en los posts sobre Retromania que sucedía en con la música: también el mundo de cine se ha visto atrapado en un estado de eterno retorno. Y hoy toca hablar sobre algunas de las formas en que se manifiesta esto. Sigue leyendo

Modas del cine actual (I): Franquicias

Antes de repasar los envases cinematográficos actuales me parece oportuno detenerme a hablar sobre tres tendencias que determinan lo que se estrena en cines en las últimas temporadas: las franquicias, los remakes y el cine para toda la familia. Así que hoy toca hablar de las franquicias: esas cosas a las que de toda la vida se las llamó sagas.
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Envases de cine

En los últimos meses las salas de cine españolas han batido varias veces sus récords históricos de peores cifras de recaudación. Sobre los motivos de esta debacle ya se ha hablado largo y tendido: las descargas, la crisis, el IVA… Pero hay otro factor que no se suele mencionar, y que es el que provoca que muchos fines de semana yo no me acerque a un cine aunque tenga muchas ganas de ver alguna película y dinero suficiente en el bolsillo: el aburrimiento que provoca la cartelera.
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Adiós, festivales de verano

Ayer saltaron todas las alarmas: el Festival Internacional de Benicàssim se encuentra en un serio aprieto económico. Todo el mundo está pendiente del comunicado de la organización del festival que tratará de apaciguar los ánimos del público, aunque ya poco va a importar que el festival llegue o no a celebrarse: a estas alturas la imagen del FIB está tan deteriorada que no parece fácil que pueda recuperar el prestigio que le aupó como el rey de los grandes eventos veraniegos prácticamente desde sus primeras ediciones a mediados de la década de los noventa hasta que, bien entrado el siglo XXI, los hermanos Morán vendieron el festival al empresario inglés Vince Power. Ahora solo queda ver qué consecuencias acarreará el vacío que va a quedar si el festival desaparece, aunque es de suponer que el perjuicio económico por la pérdida de decenas de miles de visitantes para una zona turística como esta puede ser dolorosísimo.

Víctor Lenore desmenuza con acierto en este artículo los factores que han llevado al declive del FIB. Lo que cuenta no está demasiado lejos del contenido de dos artículos de opinión que publiqué en el blog de ANDN en 2008 y 2011, en los que analicé el callejón sin salida artístico y económico en el que se estaban adentrando los grandes festivales españoles. Pues sí, señores y señoras, es triste decirlo pero ya pasó el tiempo para llevarse las manos a la cabeza. Por desgracia solo queda entonar un sonoro y amargo SE VEÍA VENIR.

Alegato antifestivalero 2008

Festivales 2011 ¿Se nos ha roto el juguete?

1ª Parte

2ª Parte

Dicho lo cual solo queda recordar la accidentada actuación del grupo Urusei Yatsura en la edición de 1997 del FIB, quienes vieron cómo el escenario se desplomaba sobre sus cabezas durante un terrible aguacero. Aquello estuvo a punto de terminar en catástrofe, aunque por fortuna no hubo que lamentar daños personales.

Mandar a la mierda un libro

Bastante gente afirma no haber dejado nunca un libro a la mitad, o haberlo hecho solo un par de veces. Cada cual lo justifica por un motivo distinto: porque nunca se sabe si lo bueno estará en la última página, porque uno termina todo lo que empieza, porque los libros son demasiado caros como para no disfrutarlos al máximo… Yo he de decir que en esta vida habré dejado decenas (bueno, más bien centenares) de libros sin haber llegado a la última página. Así que hoy escribo este post en defensa del acto de mandar al carajo un libro como demostración de respeto y reverencia a la literatura. Sigue leyendo