Retromania (I)

Retromania

¿Queda algo por inventar en la música? En los últimos años me he encontrado esta pregunta como inicio de una discusión recurrente en foros de internet. Las respuestas suelen ser variadas, y dependiendo del foro habrá quien sitúe la fecha en la que la música agotó su creatividad en la década de los ochenta, los setenta, los sesenta o incluso habrá quien se remonte a los tiempos de Beethoven o a Bach.

Yo nunca he pensado que esté todo dicho en la música, ni mucho menos. Y Simon Reynolds tampoco. En ‘Retromania: Pop Culture’s Addiction to his Own Past’ parece que busca dar respuesta a la pregunta que abre el post.

Ya he dedicado a este libro un par de posts por aquí. Sé que quizás me he puesto algo pesado con él, pero la verdad es que me ha gustado mucho y lo recomiendo. Presenta una avalancha de datos, de opiniones y de reflexiones que pueden ayudar a reenfocar la forma de ver la música creada en las últimas décadas sin perder el sentido de la actualidad: sorprende que en se hable sobre la gira de reunión que Stone Roses han hecho este mismo año.

Yo lo he leído en la edición inglesa, aunque después de hacerme con mi ejemplar descubrí que hace unos meses que la Editorial Caja Negra lo publicó en España. Por cierto, no termino de entender por qué en la cubierta española aparecen tres fotografías de Michael Jackson, al que solo se le menciona una vez y de forma indirecta en las casi 450 páginas del volumen, cuando de hecho la portada del ejemplar que tengo yo es bastante más bonita que esa.

Retromania

A grandes rasgos, en “RetromaniaReynolds destripa las múltiples manifestaciones que presenta la actual fiebre por mirar al pasado a la hora de escuchar y crear música. “Now” (ahora), la primera parte del libro, echa una ojo a la moda retro que vive el mundo de la música desde los inicios del siglo XXI, cuando algo tan poco rockero como es intentar revivir el pasado ha llegado a formar parte esencial de la cultura rockera. Crece el esfuerzo por dotar al rock de una dimensión histórica, algo que se deja ver en la proliferación de documentales sobre la historia del rock, reuniones de bandas desaparecidas, museos del rock, reediciones discográficas…

Nunca lo pasado había convivido con lo presente del modo en que lo hace en la actualidad. Por primera vez las ventas de artículos viejos han llegado a hacer sombra a las de artículos contemporáneos. Esta situación viene facilitada entre otros motivos por las nuevas formas de comercio digital, encabezadas por Amazon y Ebay, que permiten que el consumidor tenga fácil acceso a sus demandas más caprichosas. Pero también las formas de coleccionismo musical han mutado: la popularización de medios digitales de almacenamiento masivo (los Ipods, la nube, la base de datos de Youtube, Spotify) han supuesto lo que Reynolds califica como la mayor revolución de la música popular desde los Beatles. Hemos asistido a la muerte de la música como objeto –el formato físico y sus cánones de calidad han quedado relegados a una posición marginal- y esto ha tenido múltiples derivaciones, desde la poliferación de los blogs de descargas y el fenómeno sharity –eso ya lo expliqué en el post sobre Kigonjiro– hasta la pérdida de apetito musical por parte de los descargadores compulsivos.

Por otro lado, repasa cómo la reivindicación mimética de cualquier subestilo pasado, vaciado de contenido e hinchado por una buena dosis de ironía, ha penetrado en la cultura del ocio mayoritaria cuando esta ha asimilado principios estéticos propios de la subcultura gay o de la escena Shibuya-kei. Y en medio de todo esto cobra fuerza la figura del curator: aquel artista que en su creación ejerce de comisario cultural, alguien que rescata elementos ya conocidos pero que al conectarlos de alguna forma no vista hasta la fecha esquiva caer en el bucle infinito de repetirlo una y otra vez.

Then’ (entonces) rastrea los orígenes y la evolución del revivalismo durante las últimas décadas. Desde mediados de los sesenta los movimientos revivalistas se han vuelto recurrentes, quizá como contestación a otros momentos en los que la música ha avanzado más rápido de lo que la audiencia ha sido capaz de asimilar. Un punto de inflexión podría ser la salida del ‘Sgt. Peppers’ de The Beatles en 1967, el disco de pop más avanzado hasta la fecha, y que provocó una reacción silenciosa de músicos (incluidos los propios Beatles) que renunciaron a esa tendencia vanguardista para fijar su mirada en la propia tradición del rock’n’roll.

A partir de ahí se llegará a revivals como el del Northern Soul, en el que sus seguidores ya no compiten por estar a la última sino por escarbar más profundamente en el pasado; un modelo que reproducirá un buen puñado de escenas musicales, desde los revivalistas del garage hasta los del acid house.

Led Zeppelin

El punk se alzó contra estos.

Por otro lado, muestra cómo el punk fue una ruptura con su presente, pero sobre todo una vuelta a 20 años atrás, a formas musicales que fueron populares en los cincuenta. Y es que para Reyolds vanguardia (avant garde) y retaguardia (retro garde) son parte de una misma corriente. La historia de la música no es un continuo progreso ni un bucle infinito de eternos retornos: sería la suma de ambas, y una siempre sería una respuesta a la otra.

Así que en ‘Tomorrow’ (mañana) empieza por repasar la fascinación por lo futurista que eclosionó en los años cincuenta no solo en la música o en el cine sino también en la arquitectura o en la ingeniería. De algún modo, las vanguardias artísticas avanzaban parejas al estallido científico que acompañó a la carrera espacial, y de algún modo tanto arte como ciencia dejaron de prestar atención a la utopía del espacio con la llegada de Neil Armstrong a la luna en 1969 (curiosamente, poco tiempo después de la salida del “Sgt Peppers”). A partir de ese momento solo la música electrónica continuó mirando al futuro, hasta que en los noventa también empezó a deslizarse hacia el bucle del revivalismo.

Así llega a la música de los últimos años, en los que las novedades no han venido tanto en las formas musicales como en las innovaciones tecnológicas de las que se habla en la primera parte. Reynolds establece una ecuación en la que la unión de la mentalidad posmoderna y el desarrollo de internet ha dado lugar a lo que llama digimodernismo, un movimiento basado en la superhibridación, en la mezcla sin límites entre elementos lejanos, a los que se tiene acceso gracias a los nuevos cacharros de los que ya habló en “Now”. El vanguardista de la actualidad es el que mezcla a su conveniencia elementos ya existentes que no tienen por qué tener nada que ver; así, la respuesta a la pregunta con la que abrí el post estaría en cosas como lo que han hecho Ariel Pink, los cabecillas del hauntology, Gonjasufi, Flying Lotus o el movimiento neofolk; música que define como una mezcla entre las sesión de un dj enciclopédico y los platos de la nueva cocina, elaborados con espumas y deconstrucciones que saben como los platos de toda la vida pero que son totalmente distintos.

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Retromania II
Retromania III

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