La música contra el terror

Leo el artículo que firma David Remartínez hoy en Vanity Fair titulado Reclamemos la música contra el terror, el que reflexiona sobre el atentado que tuvo lugar el lunes durante el concierto de Ariana Grande en Manchester y reivindica la cultura pop como resistencia al islamismo radical: “defendamos esa conquista de la civilización”. Estoy de acuerdo: la música popular debería funcionar como una herramienta para construir ámbitos de libertad desde los que resistir a la esquizofrenia social que nace del miedo al diferente y que se manifiesta en el integrismo religioso, el fascismo político, la xenofobia y el racismo.

Sin embargo, al mancuniano Morrisey le ha faltado tiempo después del atentado para soltar sus habituales majaderías fachas. Ariana Grande no me gusta. Remartínez reivindica en su artículo a Metallica, quienes en su momento manifestaron que estaban orgullosos de que su música se utilizara como medio de tortura en el campo de concentración de Guantánamo.

Me repele un poco la idea de que la música pop sirva como refugio identitario de habitantes arios de la fortaleza europea. Por eso, aprovecho para poner por aquí un puñado de temazos que representan el pop que siento que es importante defender en 2017. Sigue leyendo

Música para adultos

Música para adultos

I. La semana pasada estaba saqué esta foto del expositor de un kiosko. Todas las revistas de “música juvenil” enseñando en su portada a gentes de hace décadas: Chuck Berry, Rolling Stones, AC DC, Helloween… Las únicas bandas actuales son Steel Panther de la portada de Popular 1 (una especie de tributo idiota al sleazy angelino de los ochenta), Mastodon en La Heavy (el titular Emperadores del progresivo lo dice todo) e Imelda May en la Ruta 66 (que se ha vuelto una señorona de lo más aburrida). Queda claro que la prensa ha renunciado a reflejar la actualidad musical para quedarse atrapada en un bucle retromaniaco. Pero esto también es el refelejo de una generación de lectores/oyentes (los que ahora tienen entre 35 y 45 años, que vienen a ser el target de estas publicaciones ahora que los más jóvenes han abandonado la prensa en papel) que juegan (jugamos) a ser jóvenes, pero que en realidad solo viven (vivimos) en el recuerdo permanente de un mundo del pasado. Sigue leyendo