
Sigo con las reseñas breves. Hoy me he puesto a comentar «La frontera» de Don Winslow, «Calabobos» de Luis Mario, «Tierra de empusas» de Olga Tokarczuk y «Los combatientes» de Cristina Morales.
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Sigo con las reseñas breves. Hoy me he puesto a comentar «La frontera» de Don Winslow, «Calabobos» de Luis Mario, «Tierra de empusas» de Olga Tokarczuk y «Los combatientes» de Cristina Morales.
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Aquí van las reseñas breves de «Miau«, de Benito Pérez Galdós, «Punki» de Juarma, «Las cosas que perdimosen el fuego» de Mariana Enríquez y «Un cortocircuito formidable» de Oriol Rosell. Llevaba una temporada sin sacar posts de este tipo, así que aprovecho para empezar con una serie de entradas de repaso a algunas de las cosas que he leído a lo largo del último año.
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La editorial Liburuak lanzó el año pasado la edición en castellano de “Rebel Girl: Mi vida como una punk feminista”, la autobiografía de Kathleen Hanna. Desde hace siglos soy fiel seguidor de la trayectoria de esta mujer, así que tenía bastantes ganas de devorar este libro. Entre otras cosas, para comprobar si ofrece una visión más interesante que la que me llevé con el documental “The Punk Singer” (2013), que que me resultó decepcionante como ya comenté en su momento. Y he de decir que en esta ocasión sí que me he encontrado una lectura más que suculenta sobre punk, feminismo y cultura underground.
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La nota de la contracubierta de “Fiesta: Una tragicomedia sobre hedonismo, fin de semana y música de baile” (Asier Dávila. Libros del K.O., 2024) explica bien claro lo que trae el libro.
“Fiesta” relata el origen, auge y caída de uno de los fenómenos juveniles más masivos de la historia reciente: los fines de semana discotequeros, la música electrónica de baile y el consumo de drogas recreativas. (…) Desde 1982 hasta la actualidad, Asier Ávila recorre (…) algunos de los hitos (…): la llegada de la primera pastilla de éxtasis a España y su posterior masificación, la conversión del baile en expresión generacional o el reinado de los disyoqueis (sic) y el apogeo de las discotecas más míticas. También se sumerge en el lado oscuro de este éxito, muchas veces tragicómico, que generó imperios multimillonarios, atentados terroristas, adicciones y violencia.
Así que, a lo largo de 25 breves capítulos, “Fiesta” repasa la diversidad de escenas, sonidos y personajes que a lo largo de las últimas décadas han dado forma a eso que consiste en tirarse el fin de semana entero, todos los fines de semana del año, bailando en lugares abarrotados de gente.
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Suelo acercarme con recelo a las obras que llevan la etiqueta “autobiográfico”. La experiencia me enseña que suelen albergar las confesiones menos memorables de personajes que tienen el ego bien hinchado pero carecen de la menor mano para contar una anécdota con gracia. Por fortuna, a veces encuentro excepciones como “Marrón”, de Rocío Quillahuamán, “Cien años de Mendigram: la gran historia del influ-realismo mágico”, de Lorena Macías y “Un brindis por San Martiniano”, por Albert Serra. Se trata de tres libros breves (el más largo apenas roza las 200 páginas), están escritos con mucho sentido del humor, y presentan ideas y reflexiones cuyo interés va mucho más lejos que el mero cotilleo de intimidades y miserias. En fin: me han gustado bastante, y por eso esta entrada del blog habla sobre ellos.
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Allá por 2010-2012 estuve enganchado durante una temporada a la prosa polvorienta de Cormac McCarthy. Leí de forma casi compulsiva “Meridiano de Sangre” y la trilogía de la frontera (“En la frontera”, “Todos los caballos hermosos” y “Ciudades de la llanura”). Mientras lo hacía, a menudo me ponía de fondo el “The Bees Made Honey In the Lion’s Skull” (2009), o las dos partes de “Angels of Darkness, Demons of Light” (2011 y 2012) de la banda Earth, y sentía que esa música se amoldaba a los textos con precisión y suavidad. Esa infinitud oscura y deliberadamente monótona de las canciones parecían planear vigilando escenas de violencia desatada sobre los mismos desiertos en los que McCarthy sitúa sus novelas, como si se hubieran concebido expresamente para ser su Banda Sonora Oficial de esos libros. Pues bien, el otro día mientras veía el documental “Even Hell Has Its Heroes. The Music of Earth” (2023) me topé con una conversación en la que músicos del grupo comentaban su afición por las novelas de McCarthy. Pegué un salto en el sofá y le grité a la pantalla algo en plan “¡Veis! ¡Esto es justo lo que yo os quería decir!” La pinta de imbécil que se me debió de poner tuvo que ser digna de un meme.
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