
Sigo con las reseñas breves. Hoy me he puesto a comentar «La frontera» de Don Winslow, «Calabobos» de Luis Mario, «Tierra de empusas» de Olga Tokarczuk y «Los combatientes» de Cristina Morales.
La Frontera – Don Winslow
Harper Collins, 2019
El libro que cierra la trilogía de Don Winslow sobre el narcotráfico mexicano se extiende hasta las casi mil páginas. Hacía tiempo que no me metía entre pecho y espalda un ladrillo de semejante calibre, y lo cierto es que este atracón de narcos, espías, tiros y sexo no me ha resultado en absoluto indigesto. Aquí hay entretenimiento, violencia, escalofríos y saltos en el asiento de puro espanto. También se deja ver en cada párrafo el concienzudo trabajo de documentación sobre el funcionamiento interno del mundo del narcotráfico en México, sobre la lucha contra la droga en México y en Estados Unidos, sobre el horror de miseria y violencia en que se ha convertido Centroamérica, sobre los vaivenes políticos, la vida cotidiana en México… Y todo esto bien organizado a través de una trama compleja, tupida y electrizante. Lo que viene a ser un buen Best Seller, vaya.
Calabobos – Luis Mario
Reservoir Books, 2025
No sé cuántas novelas del palo ruralcore he leído en lo que llevo de década, aunque todavía no me había topado con ninguna ambientada en Cantabria. “Calabobos” transcurre en Trasmiera -una zona que conozco relativamente bien-, así que me ha resultado curioso encontrar en el libro tantas referencias culturales tan familiares
A través de un monólogo interior que ocupa toda la novela, Luis Mario recorre los pensamientos del protagonista, un joven que se dedica al marisqueo, cuya hermana, incapaz de relacionarse con normalidad con otros seres humanos, mantiene en secreto un íntimo vínculo con el mar y los seres que habitan los acantilados y las rocas de la costa.
Luis Mario ha llevado a cabo un encomiable trabajo de recreación del lenguaje oral de Cantabria, así como un imaginativo ejercicio de aplicar el estilo literario del realismo mágico a las mitologías montañesas, tanto a las más tradicionales (el hombre pez, la ojáncana) como a las mitologías contemporáneas (los últimos pasiegos, los mariscadores furtivos, los macarras con chándal y moto). Y también integra reivindicaciones actuales, como la denuncia de la homofobia, dentro del debate sobre el respeto a las formas de vida tradicionales.
A estas alturas, encuentro ya un poco trillada la temática neorural, y en “Calabobos” el influjo de Irene Solà me ha parecido bastante evidente. Pero aún así, la novela me ha gustado. A ratos resulta correosa de leer, y de hecho me cuesta hacerme a la idea de qué habrán entendido los lectores que no estén familiarizados con los millones de localismos que aparecen en estas páginas. Pero es breve y es potente. Merece la pena ponerse con ella.
Tierra de Empusas – Olga Tokarczuk
Editorial Anagrama, 2025
La primera novel que leo de la premio nobel polaca Olga Tokarczuk es justamente la última que se ha traducido al castellano. Se trata de una alegoría sobre la decadencia y hundimiento de la cultura de la vieja Europa, con apariencia de novelón clásico (trata sobre la estancia de un grupo de señores muy aseñorados en un sanatorio en las montañas de Polonia en los primeros años del siglo XX), pero presenta inquietudes y formas más propias de la literatura de la actualidad (el neorurralismo, el terror cósmico, la crítica al patriarcado y a la masculinidad tóxica).
Da gusto pasar los ojos por cualquiera de sus párrafos: Tocaczuk escribe bonito y preciso que lo flipas. Su narración avanza pausada, pero nunca pierde el rumbo: cada frase se dirige exactamente al punto donde esta mujer quiere conducirla. Cuando acabé de leerlo me quedé con sensación de “está bien, pero tampoco ha sido para tanto”. Pero a medida que han pasado las semanas, el recuerdo del buen gusto que me ha dejado no se ha marchado de mi memoria. Así que, a día de hoy, tengo bastantes ganas de encontrar el rato para ponerme con otras obras de esta autora.
Los Combatientes – Cristina Morales
Editorial Anagrama, 2020
Creo que esta es la primera novela de Cristina Morales que llegó a las librerías. Lo hizo en 2013 de la mano de la editorial Caballo de Troya, aunque yo lo he leído en la reedición posterior de la mano de Anagrama. El libro relata las desventuras de los integrantes de un grupo de Teatro Experimental. Se habla de ellos como de Combatientes porque les gusta saltar a la comba. Pero también porque les gusta combatir, y combaten contra las convenciones artísticas, las sociales e incluso combaten entre ellos mismos.
Es una novela corta, divertida e incisiva. No he encontrado el nivel de textos posteriores de la misma autora (adoro «Últimas tardes con Teresa de Jesús» o «Lectura fácil«), pero sí que hay pasajes en los que se aprecia con claridad el talento de la escritora desequilibrante en la que se ha convertido.
Por cierto, miro al calendario y veo que ya van a cumplirse ocho años desde que publicó su última novela, que visto desde la distancia parece una eternidad. Ojalá que no se demore mucho más en presentar nuevo material.