La expansión de la oferta de literatura musical en castellano es evidente. Hace no tanto las librerías apenas vendías tomos sobre Bob Dylan, biografías sencillotas de artistas populares y recopilaciones de letras de canciones. Y resulta que en 2020 ya ha aparecido el segundo volumen de Loco (Hurtado & Ortega Editores), donde el propio Paco Loco repasa su trabajo como productor musical. Vamos, que ya incluso se publican biografías de técnicos de sonido.
El 1 de diciembre se estrenó el último episodio de How to with John Wilson, una miniserie de HBO que me ha brindado algunos de los minutos de televisión más sorprendentes que he visto en este infausto 2020. Buena parte de sus imágenes reflejan lo que John Wilson se encuentra por la calle mientras se pega sus buenos paseos. Y, dado que yo también practico de manera activa el andar por andar y el quedarme mirando cualquier cosa, aprovecharé el post sobre la serie para hablar sobre paseos y paseantes.
Hace dos meses redacté un borrador con comentarios sobre cosas que me habían mantenido ocupado ocupado durante el confinamiento. Me senté a escribirlo justo cuando pensaba que iba a arrancar la presunta vuelta a la normalidad, y mi intención entonces era que saliera publicado un par de días más tarde. Por desgracia, los meses de mayo y junio trajeron una avalancha de trabajo que me dejó sin tiempo para tonterías, así que el texto quedó aparcado en la memoria de mi ordenador.
El caso es que mientras preparaba el post del otro día me topé con ese borrador. Y, madre mía, lo estoy releyendo y parece como si hubieran pasado años desde que lo escribí. Todo aquello me resulta ya completamente ajeno. De hecho, ayer comenzó la desescalada de mi segundo período de confinamiento, y esta vez me resultaría imposible escribir un texto así, porque en las últimas semanas apenas he logrado hacer nada digno de recordar. Es como si toda mi paciencia para sobrevivir sin una vida social sana se hubiera agotado entonces.
Así que para despedir este segundo confinamiento hoy recupero aquellas memorias del primer encierro. Qué tiempos estos tan extraños, en los que uno acaba por sentir nostalgia hasta de tiempos en los que no se vivió ninguna cosa digna de ser recordada.
¿Llevas un mes encerrado en casa y ya no sabes qué hacer con tu vida? Bueno, pues ya decían Hidrogenesse que hay miles de cosas en el mundo que son mucho peor. Por ejemplo, los anacoretas. Eran personas que a lo largo de los últimos siglos de la edad antigua se pasaban años y años apartados del resto de la gente, dedicados a buscar a dios o a algo que se le pareciera. Y como este tipo de gente siempre me ha caído en gracia, aprovecho para dedicarles un post.
El desarrollo de internet se ha producido de forma rápida y silenciosa. Buena parte de los que han contribuido a darle la forma, desde mediados del siglo XX hasta nuestros días, han trabajado de manera muy opaca. Por ello, para la mayoría de sus usuarios, el funcionamiento de Internet continúa siendo una incógnita. Simplemente es algo que está ahí, y se manifiesta como una interfaz de aspecto cuqui, confortable y seguro, dentro del cual parece que siempre están a punto de suceder cosas importantísimas. Con solo encender una pantalla tenemos acceso a colecciones infinitas de música o películas a un coste irrisorio, a ligar sin necesidad de dar la cara o incluso a encabezar movimientos políticos sin levantarse del sofá. Una vez que uno se encuentra en medio de esta vorágine de emociones de baja intensidad es fácil quedar aturdido e ir perdiendo el sentido de la orientación. A partir de ese momento, lo mejor es relajarse y dejarse llevar durante la infinitud de ratos muertos que el universo offline nos brinda al cabo del día.
El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención (Ed. Debate, 2019) parte de una premisa: cuando nos conectamos a internet, rara vez somos conscientes del peaje que estamos pagando a cambio de un catálogo inabarcable de servicios. Porque, para Marta Peirano, el rol que se ha reservado al común de los usuarios es algo entre ser rehenes de grandes corporaciones borrachas de capitalismo salvaje y conejillos de indias en manos de psicólogos y sociólogos demenciados.
Y todo esto es lo que el libro trata de exponer de manera mínimamente organizada.
En otoño del año pasado llegó a las librerías el trabajo más reciente de Marta Peirano, en el que repasa las estrategias y mecanismos que han convertido internet en el mayor sistema de explotación política y económica del mundo actual. El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención es un libro cuyo título (y también el diseño de la cubierta) apuntan sin rubor hacia la conspiranoia, pero cuyo contenido presenta un trabajo periodístico lúcido y riguroso.
Siempre ha sido interesante disponer de información sobre las estructuras de poder que rigen algo tan opaco como la red de redes. Pero en los días de confinamiento, ahora que internet es prácticamente el único cauce a través del que se mantiene el contacto con el resto de las personas, pienso que esta información se ha convertido en algo imprescindible.
Uno de los libros musicales que mejor lucen esta temporada en la sección de novedades de las librerías es “The Haçienda: como no dirigir un club” de Peter Hook (Ed. Contra, 2019). Entre otras cosas, porque el diseño de la cubierta (inspirado en la decoración del mítico club de Manchester) es espectacular. Como incondicional de Joy Division y de New Order que soy, y también como trabajador de la Hacienda Pública, estaba claro que no iba a tardar en devorarme este volumen. Y doy fe de que no defrauda: en sus páginas se acumulan cientos de anécdotas premium sobre juergas, drogas, guerras entre bandas mafiosas, holocaustos contables y catástrofes personales. Y todo esto sucedió mientras por los altavoces sonaba mucha de la mejor música que se pudo escuchar durante las décadas de los ochenta y los noventa.
Miguel Ángel Revilla picando el dalle. Imagen sacada de su cuenta de twitter.
Hace quince años por estas fechas recibí una propuesta para participar en un programa de doctorado que llevaba por título Cambios y permanencias en las sociedades tradicionales. Al final pasé de la universidad y no me apunté, así que la anécdota en sí no tiene mucho jugo; pero ese epígrafe se me quedó grabado en la mente como ejemplo de palabrería hueca que solo sirve para adornar una perogrullada como un piano. Coño, que en el ámbito de la investigación histórica lo que no es cambio es permanencia.
El caso es que me he puesto a revisar las últimas publicaciones en el blog, y ocho de las diez entradas que han salido en lo que va de 2019 tratan sobre cosas que sucedieron hace no menos de dos décadas. Este blog empieza a parecer parece tan viejo que da reuma solo de leerlo. Pero la realidad es que la mayoría de las veces disfruto más cuando rastreo novedades, y sospecho que me saldrían textos más interesantes si empezara a esquivar los rollos nostálgicos.
Por otro lado, hace tiempo que no publico ningún post de repaso y recomendación de cosas que he consumido últimamente, así que aprovecho y me tiro a por ello. El criterio para ordenarlas no puede ser más simple: hablaré sobre obras y autores recientitos, y también sobre alguna cosa que vio la luz en algún momento de otra era geológica.
A finales del pasado 2018 Libros Walden lanzó una reedición revisada de Vainica Doble, el libro de Fernando Márquez “el Zurdo” sobre el grupo. Desde que vio la luz en 1983 no se había vuelto a imprimir, así que solo podía localizarse en el mercado de segunda mano o bien pillando polvo en alguna vieja librería con mucho fondo de catálogo. Yo llevo una buena temporada de fanatismo subido por el grupo, por lo que estaba claro que una copia pronto llegaría a mis manos. Y, ahora que ya la he leído, toca hablar un rato sobre él.
Ilustración que aparecía en El castillo de las Sombras, el primer volumen de la serie La búsqueda del Grial.
Con el repaso a las colecciones de la Editorial Altea que dejé pendientes de comentar en el post anterior (La búsqueda del Grial, Lobo Solitario, El Reino de Zork y Crónicas Cretenses)cierrola serie sobre los librojuegos que se publicaron en castellano durante la década de 1980.