El próximo post tratará sobre “El enemigo conoce el sistema”

En otoño del año pasado llegó a las librerías el trabajo más reciente de Marta Peirano, en el que repasa las estrategias y mecanismos que han convertido internet en el mayor sistema de explotación política y económica del mundo actual. El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención es un libro cuyo título (y también el diseño de la cubierta) apuntan sin rubor hacia la conspiranoia, pero cuyo contenido presenta un trabajo periodístico lúcido y riguroso.

Siempre ha sido interesante disponer de información sobre las estructuras de poder que rigen algo tan opaco como la red de redes. Pero en los días de confinamiento, ahora que internet es prácticamente el único cauce a través del que se mantiene el contacto con el resto de las personas, pienso que esta información se ha convertido en algo imprescindible. 


Todavía hay quien habla de las redes sociales como de un fértil foro público en el que las ideas fluyen en libertad. En realidad, hace años que se han convertido en territorios yermos donde campan a sus anchas el aburrimiento y la crispación. 

Cuando miro mi muro de Facebook o el de twitter me viene a la cabeza la imagen del graderío de un estadio en el que ya nadie mira lo que está sucediendo en el terreno de juego. Al público solo le interesa unirse a una de las facciones de hooligans y tratar de destruir todo lo que no forme parte de ella. El resultado del partido nadie llegará a verlo. Puede que incluso el partido ya se haya suspendido y la gente continúe pegándose en las gradas. Seguramente nadie se acuerde ya ni de cómo empezó la primera tangana. 

Mientras tanto, el dueño del estadio se frota las manos. Ha hecho una buena caja: en primer lugar con la venta de entradas para acceder al recinto y, a continuación, con la venta de alcohol y bebidas energéticas que todo el mundo se toma para ponerse a tono para la batalla. También ha hecho negocio con la venta de camisetas, banderas y bufandas que ayudan a identificar quiénes son aliados y a quiénes hay que machacar. 

Tarde o temprano todo el mundo acabará pasando por la enfermería, cuyos servicios también serán de pago. Y, malas noticias: el que trate de huir del estadio encontrará que las puertas de salida están cerradas. Cuando uno se topa con el guardia que bloquea la puerta su primera reacción es cabrearse y montar un buen pollo. Pero la bronca mantiene disparada la adrenalina así que, después de un momento de duda, nadie puede evitar girarse y volver corriendo a continuar con a bronca en la grada.  

Así una y otra vez, un día tras otro.


Creo que la crispación en las redes sociales es el tema sobre el que he redactado más textos que han acabado en la papelera. Cada vez que lo he intentado, no he encontrado manera decente de enfocarlo. Al fin y al cabo, yo mismo soy asiduo de estas redes, y en algunas temporadas he participado en ellas de forma bastante activa. Por otro lado, la mayoría de las personas que entran al blog lo hacen a través de Facebook o de twitter. Estaría feo demonizar unos espacios que yo mismo contribuyo a que se mantengan en funcionamiento. 

Y ese es uno de los motivos por los que me apetece escribir sobre el libro de Marta Peirano. Desde luego, ella ha conseguido desarrollar todas estas movidas mejor de lo que yo jamás habría sido capaz. Así que el próximo post hablaré sobre El enemigo conoce el sistema

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