Algunos comentarios sobre «Contenido», una novela de Carlo Padial

Hace pocas semanas llegó a las librerías “Contenido” (Editorial Blackie Books, 2023), la novela en la que Carlo Padial aborda el mundo de las start-ups nacidas (y muertas) al calor del estallido de las redes sociales. En ella, el protagonista entra a trabajar en Zenfire, una plataforma dedicada a la creación de contenidos virales; allí se topa con una recua de personajes rocambolescos que, rodeados de sacos de quinoa, lemas de coaching y otros delirios new age desarrollan una labor profesional que nadie parece entender bien en qué consiste. Bueno, pues es una novela divertidísima, y además trata algunos temas sobre los que he escrito en repetidas veces en este blog, así que voy a escribir algunas líneas para comentar sobre ella. 

¿Cuánto de autobiográfico hay en las páginas de Contenido? ¿Cuántos pasajes se han inspirado en personas con las que el autor ha convivido o situaciones en las que se ha visto implicado de forma directa? Pues bien podrían ser muchas. Al fin y al cabo Padial trabajó como creador de contenidos de vídeo en Playground, una empresa que recuerda bastante a Zenfire, la plataforma donde el protagonista trabaja… efectivamente, como creador de vídeos virales. 

En cualquier caso, “Contenido” funciona más como un ajuste de cuentas personal que como una crónica periodística o un ensayo sobre estrategia empresarial. Por ello, tampoco me he preocupado demasiado en comprobar qué pasajes concretos son inventados y cuáles han sucedido de verdad. Me ha parecido más interesante ir siguiendo cómo a lo largo de la novela Padial desarrolla un par de ideas: 

  • El mundo de las startups tecnológicas es un infierno. Pero no porque haya algunos “casos aislados” de jefes tóxicos, charlatanes y mala praxis empresarial. En la novela, todo ese mundillo conforma un ecosistema de gente mal. Sí, los jefes y los trabajadores de Zenfire funcionan como una comunidad un tanto hermética de pijos, pirados y horteras; pero, cuando establecen contacto con el personal de otras empresas del sector, se topan con una galería de inútiles y majaderos que se afanan en aparentar que saben bien lo que están haciendo, y a quienes poco tienen que envidiar el protagonista y sus compañeros de empresa. 
  • El discurso sobre triunfadores digitales esconde un pozo de personas hundidas. Todos en Zenfire rinden culto a LA CREATIVIDAD, una especie de gracia divina que ayuda al que la tiene a acercarse a la Utopía Digital… aunque nadie parece capaz de explicar en qué consiste nada de eso. Al final, incluso cuando todo se va hundiendo, nadie desea abandonar su puesto en la empresa: el miedo a quedarse fuera de la Utopía es más fuerte que todo lo demás. Todos se aferran a ese batiburrillo de ideas descabelladas por el miedo a aceptar sus propias vidas tal y como son. Porque, aunque ninguno lo admita en público, todos arrastran existencias sumidas en frustraciones personales y/o precariedad económica. Renunciar a la Utopía Digital supondría perder lo que ellos sienten que es su única vía de escape. O, dicho de otra manera: admitir que no son más que una pandilla de don nadies. 

Mientras pasaba las páginas de la novela, en bastantes momentos me preguntaba hasta qué punto lo que leía se parecía a cosas que me he encontrado en mi corta pero intensa relación con el mundillo del emprendedurismo digital, o cuál es la diferencia entre la basura que difunde Zenfire y mis posts para Spam de Autor. Pero en un pasaje concreto tuve una revelación seudoparanoide al estilo de las que le sobrevienen en ocasiones al protagonista, y fui consciente de que Carlo Padial estaba interpelando directamente a este blog. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Lo más divertido era que de todas las empresas chifladas y negocios absurdos que ocuparon el edificio, la que parecía más boyante y con mayor actividad comercial era precisamente la empresa de spam. Era lo único rentable que, dentro de su pequeña sala realquilada, ubicó a unas treinta personas perfectamente alineadas que enviaban spam a los correos de todo el mundo. (…)
…le pregunté exactamente en qué consistía la actividad de su empresa. 
-Nos dedicamos al spam – me respondió con una sonrisa -. Es exactamente lo que te imaginas. Spam. Enviamos spam a cuenta de las empresas que nos contratan.
-Qué interesante. Una empresa de spam. 
-Nadie quiere pasar por el trago de enviar el spam, nosotros nos ocupamos de hacer el trabajo sucio. Alguien tiene que hacerlo. El spam es un producto como cualquier otro”.


En fin, veo en “Contenido” una reflexión divertidísima sobre esta mutación elefantiásica del viejo concepto de la Sociedad del Espectáculo que ha sido el internet de los últimos lustros. Algo en lo que además coincide con algunas de las reflexiones que han dirigido el devenir de este blog desde su primer post. Así que, llegado a este punto, voy a aprovechar para hacerme un Paco Umbral y dejar caer por aquí una serie de enlaces a posts que han versado sobre asuntos de esta índole. 


Bonus: un par de lecturas que nunca he comentado en el blog y que ofrecen visiones que serían un interesante complemento a la historia del protagonista de “Contenido”.

  •  «El entusiasmo«, por Remedios Zafra (Eds. Cátedra, 2017). Un ensayo sobre precariedad laboral en el ámbito del emprendimiento cultural.
  • «Sabrina«, por Nick Drnaso (Ed. Salamandra, 2019). Un cómic en el que se reflexiona sobre los efectos sobre las personas de la sobreexposición a contenidos basura.

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