El estado de las cosas de Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia

KORTATUALTA

Ya he hablado más veces acerca de la propuesta de la colección Cara B de la editorial Lengua de Trapo y las sorpresas que nos ha deparado durante el año 2013. Una de ellas ha sido el libro de Roberto Herreros e Isidro López dedicado a “El estado de las cosas” (1986), el segundo de los tres LPs de estudio que lanzaron los irundarras Kortatu.

A mí siempre me ha tirado bastante el Rock Radical Vasco, un género que pese su enorme popularidad tradicionalmente ha sido ninguneado por la prensa (la generalista y la especializada), y la literatura sobre el tema ha sido eminentemente fanzinera, así que un libro así había que leerlo sí o sí. También debo decir que aunque Kortatu siempre hayan estado en lo más alto del RRV, quienes marcaron el ritmo de mi adolescencia fueron Negu Gorriak, a quienes sí pude seguir parte de su carrera mientras estaban en activo. En el libro se explica sobradamente cómo en ambos proyectos la comunicación era inseparable de la acción, y la acción estaba pegada a la vida cotidiana. Así que en los noventa Negu Gorriak se escuchaban y se vivían en presente, mientras que Kortatu no dejaban de ser una cosa de un pasado que no iba a volver.

A día de hoy me cuesta escoger un favorito entre los tres álbumes de estudio que publicaron Kortatu. Al contrario que lo que me pasa con Negu Gorriak, ninguno me resulta completamente redondo. Me quedaría con “A Frontline Compilation” (1988) –el recopilatorio que lanzaron para el mercado británico- o el directo “Azken Guda Dantza” (1988), en los que prescinden de las partes menos interesantes de su repertorio. Asimismo, me cuesta escoger un solo disco que sintetice toda la trayectoria de un grupo que se movió en tantas direcciones. Su debut, “Kortatu” (1985), corresponde a la etapa en la que reinaron dentro del sector más festivo del RRV. “Kolpez Kolpe” (1988) muestra a un grupo que se aleja de la ortodoxia punk y que coge carrerilla hacia lo que terminará siendo Negu Gorriak. Visto así, “El estado de las cosas” (1986) parece estar en tierra de nadie: la energía anfetamínica del debut se muestra más contenida, y la experimentación que se verá en “Kolpez Kolpe” solo asoma tímidamente. Sin embargo, los autores del libro reivindican “El estado…” como testimonio del momento en el que Kortatu deciden no encasillarse: han tomado conciencia de que son capaces de aventurarse más allá de los límites impuestos en el RRV y de que están dispuestos a hacerlo. Qué demonios, aunque no todas las canciones del disco me entusiasman –me fallan cosas que van desde la desaprovechada “Nivel 30” hasta el terrible saxo de “Equilibrio”-, quizás es el que concentre más canciones de mis favoritas del grupo: “La línea del frente”, “El estado de las cosas”, “Hotel Monbar”, “Cartel en el casco viejo de Bilbao”…*

El libro también plantea cómo el RRV trascendió su papel como altavoz desde el que lanzar consignas, hasta llegar a ser una especie de rito de celebración comunitaria que dio cohesión a la ingente diversidad de militancias y descontentos que se vivieron durante la década de los ochenta. También se habla sobre las distintas formas en las que la represión sobre la sociedad vasca -que toma cuerpo en los GAL, en el Batallón Vasco Español y en las torturas salvajes por parte de la Guardia Civil dirigidas desde el Cuartel de Intxaurrondo en la época de Enrique Rodríguez Galindo– actuaron como freno pero también como estímulo para todo tipo de contestación, incluida la que vino desde la esfera musical. Y por otro lado se evalúa la influencia de ETA en el efervescente contexto político y cultural de Euskal Herria de los ochenta. Se examina la pobreza musical que caracterizó a buena parte del RRV, pero también la relevancia del movimiento como expresión de vanguardia netamente popular, como representación de la cultura del conflicto surgida a partir de la independencia y la autogestión, enfrentada a la cultura del consenso subvencionada y conformista que representó de la Movida Madrileña. Y sobre el protagonismo que las drogas tuvieron en esta escena. Y…

El libro concentra en sus escasas 220 páginas un buen puñado testimonios y reflexiones bastante interesantes. Quizá las partes que más frío me han dejado han sido las tratan de analizar en clave sociológica lo que sucedió en los ochenta en el País Vasco. Aunque supongo que en el así llamado conflicto vasco han quedado abiertas suficientes heridas como para que siga siendo necesario posicionarse a la hora de hablar el tema. En cualquier caso, la consciencia de que estos traumas siguen doliendo hacen que en el relato apenas quede hueco para la nostalgia; como dice uno de los personajes citados del libro, “yo no volvería nunca a esa época. Solo recibí hostias de la policía”.

En fin, que el libro es bastante interesante y cubre de sobra las expectativas que comenté en el segundo párrafo. Desde el arranque con un prefacio digno de “Por favor, mátame” seguido del relato del asesinato de los cuatro de cuatro militantes autónomos en Baiona a manos de mercenarios de los GAL, hasta el comentario del disco canción a canción por parte de fanáticos y detractores de la banda, “El estado de las cosas de Kortatu” engancha y mucho. Así que solo puedo decir que es el libro de la Colección Cara B que más me ha gustado de los que he leído hasta la fecha.

kortatu
Foto: Jon Iraundegi

    *Nota: Efectivamente, me cuesta citar como favorita ninguna de las canciones en euskera de “El estado de las cosas”. La paradoja de que me dé pereza escuchar a Kortatu en euskera –a pesar de las muchas buenas canciones que tienen en ese idioma- mientras que siento que Negu Gorriak no tendrían sentido si no cantaran en esa lengua daría para un post aparte.

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