
La editorial Liburuak lanzó el año pasado la edición en castellano de “Rebel Girl: Mi vida como una punk feminista”, la autobiografía de Kathleen Hanna. Desde hace siglos soy fiel seguidor de la trayectoria de esta mujer, así que tenía bastantes ganas de devorar este libro. Entre otras cosas, para comprobar si ofrece una visión más interesante que la que me llevé con el documental “The Punk Singer” (2013), que que me resultó decepcionante como ya comenté en su momento. Y he de decir que en esta ocasión sí que me he encontrado una lectura más que suculenta sobre punk, feminismo y cultura underground.
En este libro, Hanna se centra en hablar acerca de su infancia, su adolescencia, su paso por la universidad y el tiempo en que ejerció de frontwoman de Bikini Kill y como cara visible del movimiento Riot Grrrl. Es decir, el que busque aquí cotilleos sobre sus años al frente de Le Tigre o Julie Ruin, su matrimonio con Adam Yauch o la mayor parte de cosas que le han sucedido durante los últimos 30 años aquí no va a encontrar demasiado que rascar.
Lo que sí aparece aquí es un ajuste de cuentas con muchas de las personas con las que convivió y trabajó durante aquellos años. Muestra un entorno familiar hostil y un ambiente nocivo en los centros educativos por los que pasó; pero también carga contra los colectivos feministas, la escena punk o los círculos artísticos en los que buscó refugio y en los que, cuenta, no recibió los cuidados y el cariño que ella necesitaba.
Por otro lado, en “Rebel Girl” Hanna también ajusta cuentas con su propio pasado. Admite haber fallado a personas que no se lo merecían. Pero sobre todo cuenta cómo se siente decepcionada consigo misma por no haberse dado a sí misma los cuidados y la protección que ella pedía para otras personas. Que estuvo tan centrada en exigir derechos para todas las mujeres que terminó por evitar defenderse a sí misma como mujer.
Al final, el libro le sirve a Hanna para vomitar el dolor que ha acumulado tras décadas sometida de forma constante a un durísimo escrutinio público. Le ha tocado ser cabeza visible de muchas cosas, y siempre se ha visto juzgada por ello. Juzgada como artista, como activista, como punk, como feminista, como mujer. A partir de todo esto, “Rebel Girl” lanza una dura crítica a la falta de empatía y humanidad que han intoxicado movimientos como el punk, el movimiento Riot Grrrl o la comunidad DIY. Y también llama a admitir y amar las imperfecciones, las contradicciones, las debilidades y los errores de las personas con las que nos relacionamos. Porque entiende que el dogmatismo, la intolerancia y la agresividad han terminado por desvirtuar y envenenar movimientos sociales en los que ella estuvo involucrada. Y la experiencia le ha enseñado que sin cariño, sin empatía y sin cuidados mutuos estos movimientos acaban por devorarse a sí mismos.
En fin, que me ha gustado mucho este “Rebel Girl”. Por la manera desnuda y sincera en la que busca reconciliarse consigo misma y con las personas a las que ha amado. Por la honestidad con la que admite los grandes aciertos y los grandes errores de su vida. Por la manera desgarrada y certera en que lanza sus críticas. Por estar escrito con ritmo y con gracia. E incluso porque el diseño de la cubierta es precioso, así que siempre da gusto ver el libro por casa.