Crónica de un fracaso comercial (mal anunciado)

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El resultado en taquilla de “Open Windows”, el tercer largometraje dirigido por Nacho Vigalondo, no está siendo lo que Omar Souleyman calificaría como bueno bueno. La película se estrenó en salas comerciales el pasado 4 de julio, y desde entonces la respuesta del público ha sido objetivamente pobre. En el primer fin de semana recaudó 118.000€, con lo que ni siquiera entró entre las diez películas más taquilleras en una momento de por sí bastante flojo. Y en su segunda semana (el finde pasado) ni siquiera entró en la tabla de las más vistas. ¿Significa esto que se trata de una mala película? En absoluto. A pesar de que cuenta con un guión a ratos caótico y una puesta en escena demasiado cerrada, no deja de tener un buen puñado de cosas que me han encantado: un arranque glorioso, ratos de mucha risa, momentos en los que el director se muestra brillante y una serie de reflexiones interesantes. Ah, y suena el “Ghost Rider” de Suicide. Lo que ocurre es que este tipo de virtudes no tienen por qué ser suficientes para meter a mucha gente en las salas.

Así que me he puesto a la faena y he confeccionado un estudio tope científico en colaboración con empresas de investigación social de reconocido prestigio –entre ellas la encargada de hacer los recuentos de participación de manifestaciones para las Delegaciones de Gobierno, la que hace los estudios de intención de voto para el diario ABC o la que dice cuántos dentistas europeos recomiendan usar cepillos Oral B- y he llegado a la conclusión de que estos son los algunos de los factores que explican los pobres resultados que “Open Windows” ha obtenido en taquilla.

    • Fecha de estreno demencial. Desde principios de junio hasta finales de agosto las salas de cine están prácticamente vacías (excepto las que proyectan películas para niños). De esto ya hablé en los posts sobre Envases de cine. Así que una película estrenada en 4 de julio tiene todas las papeletas para no comerse nada. Lo peor del caso es que la anterior película del director, “Extraterrestre” (2011), también se estrenó en una fecha comercialmente estéril como es el fin de semana anterior al comienzo de la Semana Santa. Francamente, el que decide la agenda de las películas de Vigalondo no lo hace con la intención de que las películas recauden mucho.
    • Fecha de estreno largamente dilatada/campaña de promoción difusa. Los primeros tráilers de “Open Windows” empezaron a emitirse en cine en septiembre del año pasado. Campañas tan largas suelen emplearse en la promoción de producciones muy potentes, y se suelen intensificar durante las semanas previas al estreno mediante publicidad masiva en todo tipo de soportes (muppys en marquesinas, tráilers en TV, banners y pop-ups en internet, displays y lonas por todas partes…). Pero en este caso el sprint de las últimas semanas ha sido discreto. Con esto se desperdicia buena parte del esfuerzo, y como resultado el mensaje del estreno llega solo a los fans del director y del género de ciencia ficción. Pero solo con eso no se llenan las salas.
    • Actores no obvios. La película cuenta con dos protagonistas que no gozan de gancho entre el gran público. Porque para la audiencia Elijah Wood es Frodo y se acabó; a la vista está tras la floja taquilla de “Grand Piano” (2013), en la que también era el actor principal. Y, a pesar de los pesares, la gente que va al cine sigue pensando que Shasha Grey es una guarra, no una actriz. Es difícil luchar contra prejuicios de este tipo con una audiencia tan conservadora. Lo mismo da que los actores encajen mejor o peor en su papel: el público de cine español lo que quiere son caras conocidas, y a ser posible que se les conozca por salir en televisión. En este sentido, el año pasado “Las brujas de Zugarramurdi” (2013) supo mejor jugar sus bazas al plantar por ahí a Hugo Silva y al insoportable Mario Casas (en cuyos personajes, por cierto, estaban centradas las partes que menos me interesaron de toda la película). Gracias a esto (bueno, y a una fecha de estreno decente como es el comienzo del mes de septiembre, a una campaña de promoción potentísima, y a otras cosas más) Zugarramurdi funcionó bastante bien en taquilla.
    • Doblaje horrible. A pesar de que se haya vendido “Open Windows” como una producción española, la película se rodó en inglés y se ha estrenado doblada al español. De hecho, muy mal doblada. Las voces de casi todos los protagonistas están fatal. Aunque ya es dolorosísimo oír en el primer minuto de película a Carlos Areces con una voz que no es la suya. En fin, un mal doblaje siempre hace que una película parezca peor de lo que es en Versión Original. Y así, la publicidad mediante el boca a oreja queda bloqueada a la primera de cambio.
    • Mensaje demasiado sutil. El grueso del público que va a las salas de cine en España busca películas con muchos escenarios distintos, con muchos actores distintos y con situaciones que varíen muchas veces. Y, visto lo que ha rodado hasta la fecha, está claro que a Vigalondo le gustan las filigranas narrativas construidas a partir de pocos elementos, que no es lo que pide la mayoría. Y que también le gusta hilar fino en las reflexiones que plantea: en “Open Windows” muestra algunos dilemas y paradojas de la identidad, la reputación, la fama y el anonimato en los tiempos 2.0, y además lo hace desde una perspectiva fría, distante, perturbadora, cercana a la que suele adoptar en sus cómics Miguel Ángel Martín. Por desgracia, este tipo de sutilezas tampoco suelen calar entre la audiencia mayoritaria.
  • Aunque ninguna de estas cuestiones son determinantes por sí mismas para explicar el fracaso o el éxito comercial de una película. Como ejemplo de esto, ahí está “Gravity” (2013). Curiosamente, a una enorme parte del público que fue a verla al cine en el que yo curraba cuando se estrenó le resultó aburrida, o al menos insuficiente. Según su opinión en la película había pocos actores, la trama era muy simple y el escenario era todo el rato el mismo. Y a pesar de todo fue uno de los mayores bombazos de taquilla de su temporada. Eso se podría explicar porque se estrenó en una buena fecha (comienzos de otoño), porque la campaña de promoción fue contundente (y visualmente preciosa), los protagonistas –George Clooney y Sandra Bullock– eran dos superestrellas y el doblaje no era tan infame como este. Bueno, y también porque presentaba una de las mejores producciones en 3d que se ha visto hasta la fecha, y porque la distribuidora impuso una rebaja del precio de las entradas, y supongo que por una decena de factores más que se me escapan. Aunque, bueno, esto también daría para hablar largo y tendido sobre cómo hay mil factores que pueden llevar a que una película (o cualquier otro producto, inclusive la mayoría de políticos electos) arrase sin que a casi nadie le deje demasiado satisfecho.

    En fin, que solo una pequeña parte de la responsabilidad del batacazo de taquilla que se ha llevado “Open Windows” en su paso por salas españolas es achacable a la película en sí o al trabajo de Nacho Vigalondo. Más grave parece la responsabilidad de los encargados de la posproducción o de la distribución, que prácticamente han cerrado la puerta de las salas a los espectadores. Pero, como ya comenté en los posts sobre envases de cine, este no es un caso aislado sino un síntoma más de que una parte importante de la industria del cine prefiere morir de aburrimiento antes que luchar por sobrevivir con dignidad, y de mientras dejar a su paso un rastro de películas huérfanas y de espectadores desorientados.

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