Modas del cine actual (y III): cine para toda la familia

Si en los dos post anteriores he hablado sobre modas que determinan estrategias de producción cinematográfica, ahora es el turno de otra tendencia más cercana a los principios estéticos sobre los que se construye una película. A una abrumadora mayoría de las que han pasado por la cartelera en los últimos años se le podría colgar la etiqueta cine para todos los públicos, en el que temas polémicos como el sexo, las drogas o la política apenas se dejan ver, o lo hacen desde una perspectiva tan gazmoña que duele. Lo triste es que las cifras de taquilla dicen que buena parte del público ha dado su beneplácito a esta visión del cine.

A día de hoy Hollywood en bloque parece seguir a rajatabla los idearios estéticos de dos Reyes Midas del cine: la factoría Disney y Steven Spielberg. Ambos se dieron cuenta de que si el público acude en familia a las salas los beneficios económicos se disparan. Y vieron que para conseguir esto no bastaba con presentar una buena película, sino que además era importante no complicar a la audiencia con grandes dilemas morales: a los buenos se les debe diferenciar fácilmente de los malos malísimos, las historias deben ser claras y contar con final feliz… En el cine infantil hay que introducir guiños a los acompañantes adultos para que se enganchen a la película y puedan soportar la hora y media sin levantarse de la butaca, y en el cine adulto se deben limar todas las asperezas que creen que un niño no debería ver. Y de paso no mostrar conductas impropias de gente decente. Como consecuencia de esto, en la pantalla los romances adolescentes se consuman con un beso en los labios y los matrimonios están demasiado ocupados en trabajar y criar hijos como para abandonarse a los placeres de la carne. Entre los personajes femeninos se diferencian los que llevan una vida productiva y los que se pierden en el vicio. No consta que exista el sexo casual, y tampoco las relaciones extramaritales. La homosexualidad masculina se respeta, aunque solo aparezca encarnada en personajes secundarios, generalmente caricaturescos. La homosexualidad femenina no se muestra.


Michael Fassbender no se corta en “Shame”

Ojo, que esta tendencia no afecta a todo el cine que se estrena, sino solamente al que viene de los grandes estudios norteamericanos. En la mayoría del “cine extranjero” que llega a las carteleras no se aprecian este tipo de tabúes. Por ejemplo, se me vienen a la cabeza producciones británicas como “Shame” (2011), con la adicción al sexo como tema central, o “Trance” (2013), en la que hace un par de meses Rosario Dawson ofrecía uno de los últimos desnudos femeninos frontales que ha llegado a las pantallas comerciales. Pero el cine de Estados Unidos es el que ocupa la mayor parte de la cartelera, con lo que este tipo ocupan un lugar marginal en las salas mayoritarias. También hay excepciones en algunos géneros -sobre todo en el cine de risa y en menor medida en el cine para listos, como se verá en sus respectivos posts– pero por norma general estos temas se muestran acompañados de algún tipo de moraleja que indica que un buen espectador no debe intentar hacer eso cuando regrese a su casa.

Tampoco la industria de Hollywood ha sido siempre tan pacata como ahora. Hace apenas un par de décadas, en el año 1992, “Instinto Básico” arrasó en taquilla con una historia de alto contenido sexual, lo que provocó que en las temporadas siguientes llegara a las carteleras una estela de películas que intentaron emular el éxito de esta (la mayoría tirando a malísimas) cuyo principal reclamo era que mostraban sexo explícito (o al menos desnudos más o menos integrales): “El color de la noche”, “El cuerpo del delito”, “Sliver”, “Acoso”, “Una proposición indecente” “Striptease”, “Showgirls” del propio Paul Verhoeven… En cierto modo, aquella moda se vio como un símbolo de la llegada de Bill Clinton a la Casa Blanca, que terminó con doce años de gobiernos republicanos; pero, como si el affaire Lewinski primero y después la vuelta de la dinastía Bush al despacho oval hubieran echado el cerrojo a esta época de relajación en la moral sexual, pocos años después el sexo desapareció de las carteleras de los Estados Unidos, y por extensión de las del resto del mundo.


Que salga Demi Moore desnuda no es suficiente para hacer buena a una película

Sería fácil echar la culpa de la moda actual al creciente influjo de grupos ultraconservadores en la vida pública de los Estados Unidos, tanto en política (toda la gente congregada en torno al Tea Party) como en lo religioso (mormones, evangelistas o cualquier otra rama del cristianismo radical). Pero esa influencia se debería notar por igual a toda la industria del ocio, y no es el caso. Bastantes de las series de TV más populares de los últimos años están aliñadas con altas dosis de incorrección, tampoco es raro encontrar salidas de tono entre los videojuegos, y el bombazo editorial de las últimas temporadas es la saga “50 sombras de Grey”. Ese argumento no me vale.

Entonces, ¿qué tiene de especial el cine? Podría decir que, dado que la mayoría de las salas de cine se encuentran ubicadas en grandes centros comerciales, estos han presionado para que en las carteleras no aparezca nada que no tenga una apariencia tan neutra como un cartón de leche o un tubo de pasta de dientes. Pero, sinceramente, ni sé si esto es así ni creo que pueda saberlo. Esto no deja de ser una especulación sin ningún fundamento, de estas que uno lanza cuando escribe en pijama delante de la pantalla de un ordenador. Así que ya sabéis, mejor no me hagáis mucho caso.

El hecho es que casi todo cuanto se estrena tiene parece atado de pies y manos. Es un cine inofensivo, que no ofrece ninguna complicación a ningún espectador. Lo malo es que cuando se hace algo para contentar a todo el mundo generalmente eso termina por no gustar especialmente a casi nadie. Hace años recuerdo leer una entrevista en la que Quentin Tarantino afirmaba que solo quería hacer películas que le pusieran la polla dura. Frente a Tarantino –uno de los directores norteamericanos de las últimas décadas que exhibe una mayor potencia y libertad creativa- el resto de Hollywood parece que está haciendo cine castrado. Y aburrido.

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