Envases de cine: películas para niños (y II)

¿Quién va al cine a ver películas para niños? Seguro que la mayoría habéis adivinado que sobre todo van muchos niños. Pero es muy raro que estos paguen su propia entrada, por lo que generalmente se acercan acompañados, aunque no siempre es así. Por otro lado también hay gente que paga por ver películas de este tipo sin que les acompañe ningún niño. Aquí va un pequeño repaso de las costumbres más extendidas entre todos ellos.

Niños acompañados. Por sus padres, por hermanos muy mayores, por tíos, por abuelos… En ningún otro envase de cine se ve a tanta gente acompañando a la persona que realmente quiere ver la película. De hecho, son habituales los descuentos para familias en las entradas. Algunos acompañantes se interesan por lo que sucede en la pantalla, pero muchos otros no tienen problema en hacer ver que van por pura obligación. Así que este es frecuente encontrar público que hace años que no pisa un cine, y que vuelve únicamente para acompañar a los pequeños. Este desinterés propicia imágenes recurrentes de adultos con problemas para entender el sistema de compra de entradas o las ofertas en palomitas y refrescos, y que pasan la mayor parte de la proyección en la puerta de la sala, hablando por teléfono o simplemente a estirando las piernas.


    A veces la película no interesa ni a los propios niños

Como ejemplo más claro de cine diseñado para toda la familia, es frecuente encontrar grupos relativamente extensos de familiares que acompañan a los pequeños a ver películas para niños. Estas quedadas entre miembros de un mismo clan son mucho más frecuentes que en cualquier otro tipo de grupos sociales. Al menos en 2013 son mucho menos raras que, por ejemplo, las quedadas para ir a ver una película entre compañeros de oficina o del equipo de futbito.

Niños solos o en cumpleaños. También es habitual ver a niños muy pequeños, solos o en grupo, sin que ningún adulto les custodie. Habría que buscar factores sociológicos para explicar por qué cada vez esto es más frecuente, pero ahora no procede. Tan quiero reseñar que hay padres que dejan a los niños aparcados en el cine, porque necesitan dedicar el rato que dura la película a otros menesteres o simplemente porque no les apetece pagar por algo que no esperan que les vaya a gustar.
Otra imagen típica es la de más de cinco niños acompañados de un único adulto. Está claro que aquí también hay un acompañante, pero este se suele ver desbordado, con lo que viene a ser como si los niños fueran solos.

Solos o acompañados, es muy difícil tener a muchos niños sentados y en silencio durante los 90 o 120 minutos que dura una película, así que las proyecciones suelen convertirse en actividades participativas, al estilo de los míticos pases de Rocky Horror Picture Show, pero con un nivel de delirio mucho más bestia. En una de estas salas se podrá encontrar niños que comentan la película o que hablan directamente con los personajes de la pantalla, que bailan en la butaca o que bajan a la orquesta (o como se llame la zona sin butacas justo al pie de la pantalla) para demostrar sus habilidades con el pino puente o con los remolinos bisbaleros, que echan carreras a gateas por las escaleras o que se enzarzan en guerras de palomitas. A veces los adultos que les acompañan se animan a participar en el desbarre y la cosa empieza a parecerse a los Gremlins viendo Blancanieves

Y termina como los Gremlins en el bar.

Cuando se encienden las luces y la sala se va vaciando el panorama que queda es desolador, con montañas de palomitas empapadas en charcos de refresco hasta en la esquina más recóndita de la sala.

-Otra gente que va a las salas. Las películas para niños atraen a un puñado de gente bastante heterogéneo, que por lo general no van en busca de cine participativo y que suelen terminar bastante molestos si terminan por caer en una sala hasta arriba de Gremlins. Sería un batiburrillo de adultos amantes del cine de animación, gente acérrima del cine infantil, diseñadores e ilustradores… quizás los más curiosos de todos sean los macarras chandaleros que van a acompañar a sus novias. Me extenderé sobre este tipo de parejas en alguno de los próximos posts.

    (caver)Nicolas Cage vino a anunciar que su voz no se escucharía en Los Croods

¿Por qué es un negocio redondo? Las estrategias de márketing de los grandes estudios no siempre funcionan, pero cuando lo hacen, lo hacen pero bien. El cine para niños es terriblemente rentable. Analizar esto en profundidad sería muy largo, así que me voy a limitar a mencionar algunas ideas. Por un lado, que los estrenos de estás películas se ven apoyados por titánicos esfuerzos promocionales. Prueba de ello son la cantidad de displays (los armatostes de cartón que llenan los pasillos de los multicines) y publicidad en los medios de comunicación, en marquesinas de autobús y en cualquier otra parte que aparecen en las semanas previas a cada estreno. Entre todo esto me llaman siempre la atención las giras promocionales (con parada obligatoria en El Hormiguero) de los famosos que ponen voz a los personajes de la película en la versión original; voces que en el doblaje serán sustituidas por las de vaya a saber quién, por lo que el público español nunca las escuchará, pero siempre podrá estar entretenido durante la película imaginando cómo lo habrá hecho el famoso de turno.

Por otro lado, aunque los grandes estudios suelen apostar por concentrar el grueso de la recaudación de una película en el fin de semana de su estreno y retirarla de la cartelera en apenas un mes, no es raro que las películas para niños prolonguen su paso por la cartelera durante varios meses. A esto ayuda que la afluencia de público a estas películas se concentre en las sesiones más tempranas, por lo que pueden convivir en la misma sala con otro tipo de películas que se proyecten en las últimas sesiones. Y dado que la afluencia de público suele mantenerse de forma regular (incluso cuando ha pasado tanto tiempo desde el estreno que la película ya se ha lanzado en dvd), la máquina de fabricar dinero se mantiene en marcha hasta que las siguientes vacaciones escolares marquen el momento de estrenar una nueva película.

Pero estas películas no solo reportan a sus productoras beneficios por la venta de entradas. Por un lado -por si alguien no lo había sospechado cuando hablaba de los Gremlins- con estas películas las salas hacen buena caja a base de vender palomitas y refrescos. De hecho, que las salas terminen tan llenas de basura va de la mano de la costumbre de los acompañantes de comprar menús gigantes más grandes que el cuerpo del propio niño. Generalmente los exhibidores apenas se llevan nada por la recaudación en taquilla sino que viven casi exclusivamente de lo que se vende en el ambigú, así que esas montañas de porquería suelen indicar que el cine todavía sigue generando ingresos.

    Las productoras no se llevarán cacho por los juguetes que venden en los chinos

Por otro lado, lo que se ve en la mayoría de las películas para niños es prácticamente un tráiler de lo que toca consumir a la salida. Habrá que pasarse a por el juguete de regalo en el McDonalds o el Burger King, y después habrá que hacerse con muñecos, videojuegos, mochilas, camisetas o cualquier cosa que tenga estampada la imagen de algo relacionado con la película que se ha visto. Doy por hecho que las productoras consiguen ingresos mucho más altos por lo que cobran en cuestión de royalties de ese merchandising que por lo que se saca en taquilla. Eso explicaría casos como el de la saga Cars, una película menor dentro de la filmografía de Pixar que ha llegado a contar con una secuela e incluso un spin off como Aviones. Cada nueva entrega ha sido más chana que la anterior, pero es que los coches (y los aviones) son muchísimo más fáciles de comercializar que los muñecos de Brave o de Rompe Ralph.

Todo esto hace que no me pueda tomar muy en serio la moraleja anticonsumista de algunas de estas películas. En cualquier caso, si uno se olvida de todo lo que he comentado en estos dos posts y se concentra sin prejuicios en lo que se ve en la pantalla, es posible que cada año se encuentre con tres o cuatro películas verdaderamente grandes cada año. Al menos yo las sigo encontrando.

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