Crock of Gold, Shane MacGowan y Julien Temple

Hace un par de semanas se estrenó en salas de cine Crock of Gold, el documental dirigido por Julien Temple sobre Shane MacGowan. Por si alguno no entiende de qué va esto, Julien Temple es una de las personas que mejor rueda cosas sobre música popular (hace muchos años ya comenté algo sobre él por aquí), y a Shane Macgowan se le recuerda por haber sido la voz cazallera al frente de The Pogues, por tener una de las dentaduras más complicadas del mundo, y por haber mantenido durante décadas un nivel de alcoholismo alarmante incluso dentro de los ya de por sí exagerados estándares del mundo del rock. Bueno, pues me ha parecido una película soberbia, así que aprovecho para explicar algunas cosas destacables en ella.  

Me cuesta un poco hacerme a la idea de qué recuerdo guarda el resto de la gente sobre The Pogues. Siempre me da la sensación de que este grupo suele quedar fuera del canon universal de grupos de punk que molan. Sin embargo, yo les guardo bastante cariño. De hecho, tres de sus álbumes (Rhum, Sodomy & The Lash, If I Should Fall from Grace with God y Peace & Love) prácticamente me los sé de memoria. 

Supongo que haber pasado mi adolescencia durante la década de los noventa en Cantabria influye bastante en esto. En aquellos años, la música folk (y, en especial, la que se inspiraba en la tradición irlandesa) era omnipresente. No había fiesta de pueblo que no incluyera al menos un concierto folk en su programación, y muchos de los que actuaban ahí se estaban inspirando directamente en la música y la actitud de The Pogues. Y por aquel entonces las fiestas de pueblo eran mi perdición.

Pero me estoy yendo por las ramas. Otro día hablaré comentaré más cosas sobre la música tradicional de Cantabria, que hoy toca hablar de documentales.


La producción de documentales sobre figuras de la música popular está en auge. No hay más que echar un vistazo al menú de la plataforma de streaming a la que cada uno esté subscrito para darse cuenta de que el goteo de novedades de este palo es constante. La mayoría están a la altura del resto de documentales que se ofertan en estas plataformas: cosas planas, sin muchas aristas, algunas veces hechas sin más intención que llenar de contenidos la plataforma, y otras hechas con flagrante intención de dar promoción comercial al producto que sea. En ocasiones uno se encuentra con documentales interesantes, realizados con mimo y con saber hacer, como puede ser el caso del Héroes: Silencio y rock&roll que hace pocos días se estrenó en Netflix. 

Pero de vez en cuando aparece Julien Temple con otra película soberbia, y recuerda a todo el mundo que una cosa tan enorme como la historia de la música pop, la gran revolución cultural del siglo XX, se merece ser explicada con un lenguaje a la altura de tamaño fenómeno. Es decir, que la historia del pop no cabe en cualquier vulgar producto pensado para la televisión convencional: un buen documental sobre música debe ser, ante todo, un documental excepcional. 

¿Y qué hace de Crock of Gold un documental excepcional? Muchas, muchas cosas, que voy a sintetizar en estos tres puntos. 

La figura de Shane MacGowan está en el centro del documental. El personaje no se nos muestra encajado dentro de un guion prefijado, sino que es el protagonista el que determina por dónde discurre todo lo que se cuenta. A él se le deja contar su versión de las cosas, se le escucha y se le mira mientras se explica. Aunque a veces cuente cosas feas, o aunque él mismo sea feo, y aunque a ratos balbucee, se le caiga la baba o se duerma, lo que cuenta y cómo lo cuenta es tan tremendo que lo mejor que se puede hacer es dejar que discurra por sí mismo.

El contexto. Para comprender la figura de Shane MacGowan en toda su amplitud también es importante echar un ojo al mundo del que proviene, y también pensar en cómo ha quedado el mundo después de que The Pogues se pasearan por él. En Crock of Gold se explican las condiciones socioeconómicas que han dado pie a la diáspora irlandesa, el desarrollo del conflicto entre unionistas y republicanos y el papel del IRA en todo ese asunto. Pero también se muestra el estallido, la evolución y el legado del punk británico, y el reconocimiento expreso que músicos, políticos y otras personalidades públicas profesan hacia The Pogues y hacia Shane MacGowan en particular. En definitiva, que Crock of Gold no retrata a una vulgar superestrella de la industria del espectáculo: este documental enseña el siglo XX a través de la vida de una persona, y también las distintas maneras en que un individuo puede llegar a influir en la vida cotidiana de miles de millones de habitantes del planeta. 

El montaje. En el documental se tratan decenas de asuntos diferentes, pero en ningún momento deja la sensación de que se esté perdiendo el hilo de lo que se pretende contar. Y pienso que en gran medida Julien Temple consigue esto gracias a su destreza con el montaje. Las técnicas de collage que definieron la estética del punk vienen a ser las mismas que Temple utiliza para construir sus películas, así que Crock of Gold es un bombardeo de cortes de entrevistas, escenas de dibujos animados, imágenes de viejas películas y documentales sobre Irlanda, videoclips del grupo, videos caseros, montajes de fotografías… La película es un choque constante de imágenes y cada cambio de plano provoca un terremoto en la mente del espectador; pero lo admirable es que la narración no resulta confusa. Crock of Gold es un retrato del caos (el de la vida del protagonista, el del funcionamiento del grupo, el de los conflictos entre Irlanda y el Reino Unido), pero la película no se deja arrastrar por él. De hecho, creo que consigue explicar con una precisión pasmosa lo que pasa por la cabeza de Temple mientras se asoma al caos.  


Por cierto, esta canción no sale en el documental pero la guardo mucho cariño. La cantó Shane MacGowan junto a Sinéad O’connor y se titula Haunted. Y como espero dedicar uno de los próximos posts a comentar algunas cosas sobre hauntología, pues va perfecta para cerrar esto por hoy.

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