Las madrugadas de La 2 en los noventa

A mediados de la década de los noventa, todavía en la era preinternet, se accedía a contenidos culturales interesantes como malamente se podía. O más bien de puro milagro, si uno vivía en una capital de provincia tan gris como el Santander de la época. Algo se llegaba a rascar si encontrabas algún videoclub que trabajara con distribuidoras independientes o tuviera un buen fondo de cine clásico. En alguna ocasión caía un vídeo interesante en Los 40 de Canal + o  se colaba algo aprovechable entre el desfile de figurines de El País de las Tentaciones, pero nada de esto entraba dentro de lo habitual. Y el mítico viaje iniciático a USA o a UK era un lujo inasumible para la gente de mi clase social. 

Sin embargo, uno de mis pocos refugios contra el muermo vital lo encontré mucho más a mano de lo que parecía: en la televisión pública. Durante mis años de instituto, las madrugadas de La 2 de RTVE me proporcionaron cientos de noches llenas de gozo gracias a programazos como Metropolis, Televisión Líquida o Cine Club

Pues sí, a mediados de los noventa la televisión nocturna todavía no era un mero contenedor de teletiendas, videntes y excusas cutres para que la Rueda de la SGAE pueda seguir trincando. A medida que la España que madruga iba apagando sus televisores, se asomaban a las pantallas espacios inquietos solo aptos para insomnes irredentos (o para los que dormían en condiciones y preferían dejar programado el aparato de vhs). Estoy seguro de que aquellas noches dejaron en mi educación un poso mucho más fértil que las mañanas de instituto a las que me presentaba con apenas tres o cuatro horas de sueño. 

¿Nostalgia? A día de hoy apenas veo televisión en formato tradicional, así que desconozco si  se emiten programas que molen como aquellos. Aparte, tampoco tengo mucha idea sobre los hábitos de consumo de los que ahora son adolescentes, así que no sé si hacen algún caso a  lo que ponen por la tele. En cualquier caso, ahora que se está desmoronando el mundo de la cultura tal y como lo hemos conocido en los últimos años, no está de más recordar el tiempo en que la oferta cultural era más reducida y a menudo más inaccesible para el público mayoritario, y cada nuevo descubrimiento reportaba una satisfacción que se paladeaba durante días y días. 


Metrópolis. Se trata de uno de los programas más longevos de RTVE: según wikipedia comenzó a emitirse en 1985, y en 2020 aún se mantiene en antena. Según su propia web, Metrópolis está dedicado a la cultura y el arte contemporáneo, en toda la extensión del término: videocreación, escultura, diseño, moda, publicidad, música… 

Mi primer recuerdo sobre Metrópolis es de ver grabado el reportaje que se emitió el 13 de septiembre de 1990 sobre Akira, una película japonesa que prometía echar por tierra todo lo que se había visto hasta entonces en el mundo de la animación. El programa incluía una entrevista con su creador, Katsuhiro Otomo, y un avance con el primer cuarto de hora de la peli (que no se llegó a los cines españoles hasta dos años más tarde). Ni sé cuántas veces pude ponerme ese vídeo.  

Pero entonces yo todavía era demasiado pequeño para estar todo el día con vanguardias de este tipo. Realmente me convertí en asiduo al programa entre 1994 y 1997, entre que cursé 2º de BUP y COU. Veía cualquier cosa que cayera. Es curioso que a pesar de que a día de hoy la web de  RTVE tiene colgados cientos de programas del archivo de Metrópolis, no he encontrado ninguno de los que recuerdo haber visto. Sin embargo, en Youtube sí que he reconocido alguno. Por ejemplo, esta barbaridad de 1996 sobre las tendencias de aquella temporada dentro de la música electrónica. 


Televisión Líquida (Liquid Television) era una serie que IMDB define como MTV’s classic, surreal, experimental, grotesque, macabre and darkly humorous animation anthology featuring both serialized and one-off segments. The show also features music videos and rare live action and puppet segments. Vamos, que se trataba de una recopilación de sketches a cargo de animadores, diseñadores y videoartistas, sin más hilo conductor que la intención de subvertir los códigos habituales en la televisión mayoritaria de la época y de pervertir los valores de la animación del momento, orientada a un pública infantil y sobrecargada de mensajes ultraconservadores.

Liquid Television contó con tres temporadas que se emitieron en Estados Unidos  entre 1991 y 1994. En aquellos tiempos para ver la MTV había que tener una antena parabólica que sintonizara televisión por vía satélite; es decir, que solo podía verlo una parte mínima de los espectadores. Pero a partir de la primavera de 1994 La 2 de RTVE emitió 16 episodios de lo que deduzco que fue la segunda temporada de la serie (que se emitió en Estados Unidos en 1992). 

Sin duda, lo más recordado de LTV son unos Beavies and Butthead que todavía no se habían convertirdo en fenómeno masivo. Por otro lado, me llama la atención que en wikipedia se hace mención a contenidos basados en RAW, la revista de cómics de la que Art Spiegleman fue responsable durante los ochenta. El caso es que no se explica cuáles fueron los cómics originales ni tampoco los sketches a los que dieron inspiración, así que esta información queda un poco cogida con pinzas. En cualquier caso, dado que aquellos cómics solo llegaron a España a través de las páginas de la revista El Víbora, de ser cierta la información de la wikipedia significaría que era más sencillo conocer el cómic underground norteamericano de la época por sus adaptaciones a la televisión que por lo que llegaba a los kioskos. 

En cualquier caso, los sketches de LTV que más me impactaron fueron los de Dogboy, que seguían las desventuras de un chico con alma de perro en un mundo poblado por gente con estúpidos peinados de plástico. Años después descubrí que estaba dirigida nada menos que por Charles Burns, y todavía más tiempo después el personaje de Dogboy terminó por inspirar al Perro Muchacho, el homenaje apócrifo que Muchachada Nui a LTV.


Cine Club. Espacio dedicado a emitir cine no tan comercial como el que caía en otras franjas horarias. Ojo, que por aquellos tiempos la oferta no era mala en la televisión pública:   en 1994 Antonio Gasset se hizo cargo de Días de Cine (en aquella época copresentado por Daniel Monzón y emitido los fines de semana en horario de tarde), y a partir de 1995 Qué grande es el cine se encargó de repasar en prime time el canon del cine clásico

Pero Cine Club se emitía en la madrugada, con lo que podía sacar cosas que no hubieran tenido cabida en horario familiar; se emitía a diario, con lo que había hueco para un catálogo mucho más abierto; y emitía las películas en Versión Original Subtitulada, que por aquel entonces era una rareza de lo más exótico. 

A saber cuántas joyas pude ver en aquellos años. Me vienen a la cabeza unas pocas, como La chica de la fábrica de cerillas, de Aki Kaurismäki (que también tuvo su homenaje en La Hora Chanante, aunque el sketch creo que no está colgado en internet); Los siete saturáis de Akira Kurosawa, cuyo final no conseguí ver hasta años más tarde porque la cinta de 180 minutos en la que la dejé grabando se acabó quedando corta; Henry, Retrato de un asesino, de John MacNaughton,peli de culto donde las haya; La doble vida de Verónica, de Krzystof Kievlowski, que me dio la vuelta a la cabeza por varios costados; o Principio y Fin de Arturo Ripstein,que me cuesta entender quién ha decidido que debe quedar enterrada en el olvido. 

Cada película venía introducida por una breve presentación a cargo de José Luis Delgado que ponía en contexto las imágenes que estabas a punto de ver. Y, como curiosidad, la sintonía era una cosa un poco marciana (como muchas de las de TVE en aquellos tiempos) compuesta por Nacho Cano

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