Dietario de cómics (y III)

En el que no sin cierta desgana dedico unas líneas a comentar una vieja adaptación de El Hobbit, El hijo del diablo de Hideshi Hino, Rusty Brown del gran Chris Ware, Blacksad de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido,y Sensor de mi adorado Junji Ito, y de paso suelto otras movidas que me van llegando a la cabeza. 


De vez en cuando, en momentos en los que tengo el blog demasiado parado, recurro a estos posts de repaso de lecturas de cómics. En condiciones normales, redactar textos de este tipo suele ser una manera rápida y sencilla de no oxidarme, generar contenidos y mantener un mínimo ritmo de publicaciones. Sin embargo, hay ocasiones en que se me atasca todo y escribir estas reseñas se convierte algo lento y penoso. Y eso mismo ha sucedido mientras le daba vueltas a este post.

Desanima bastante hablar sobre cosas que terminé de leer hace meses, y que en su momento ya me dieron un poco igual. Y también darme cuenta de que no dispongo del tiempo que hace falta si quiero preparar unas reseñas dotadas de un mínimo de interés. Y notar que leo nuevos cómics a un ritmo bastante más ágil que el que llevo al redactar viejas reseñas. Y sentir que no estoy redactando posts frescos que se me van ocurriendo porque no encuentro la manera de terminar los de los cómics…

En fin, que con este post zanjo ya esta serie de Dietarios de Cómics. Voy con ello.

El Hobbit – David Wenzel

Tengo la trilogía del El Hobbit de Peter Jackson como una de las sagas de blockbusters más terribles que jamás se hayan rodado. Son películas grises, aburridísimas y tontas que nada tienen que ver con la imagen que se formó en mi cabeza cuando de chaval me leí el libro de Tolkien. Bueno, pues en esta adaptación al cómic he encontrado todo lo opuesto al desastre que perpetró Peter Jackson: aquí, la historia de Bilbo Bolsón y su cuadrilla no es más que un cuento fantástico sobre personajes canijos y torpes que se ven enfrascados en unas aventuras que les vienen muy grandes. La Tierra Media es un territorio en el que la luz y el color siempre vencen a la oscuridad y, al contrario que en las pelis, todo parece bonito.

Recuerdo cuando este cómic llegó a los kioskos allá por 1990: tenía un aspecto que deslumbraba entre el resto de cosas que se publicaban entonces (y un precio de 1850 ptas, diez veces más caro que cualquiera de los tebeos que le rodeaban en el expositor). Sin embargo, ha pasado eones descatalogado, y no me consta que haya vuelto a estar disponible más que en alguna tímida reedición en el momento en que se estrenaron las pelis. Así que fue una sorpresa encontrarme un ejemplar (¡y además en catalán!) a finales de febrero de 2020, nada menos que en el mercadillo dominical de la Rambla Ferran de Lleida

Se trataba de un rastrillo pequeño, que apenas contaba con una decena de puestos. Pero casi siempre que me acercaba (es decir, prácticamente todos los domingos, que para algo lo montaban al lado de mi casa) encontraba materiales interesantes y poco convencionales que incorporar a mi colección, y también gente maja con la que echar una charla y/o un vermut. Por desgracia, llegó la pandemia y los sucesivos confinamientos, y el mercadillo nunca volvió a plantarse. Desapareció en silencio. Esto ha empobrecido de manera estrepitosa la vida cultural de la ciudad. Y lo más triste es que creo que muy pocos parecen haberse dado cuenta de esta pérdida.  


El hijo del diablo – Hideshi Hino

Llego tarde a los cómics de Hideshi Hino. Llevo lustros viendo sus cómics en las estanterías de las librerías especializadas, pero todavía no me había puesto con ninguno de ellos. De hecho, este El hijo del diablo es una reedición: la primera traducción al castellano llegó allá por el año 2008. 

Aquí se cuenta una historia de espíritus que vuelven del más allá para vengarse de los vivos. Se trata de una especie de cuento infantil morboso y ahogado en asco y crueldad.  Si lo comparo con los grandes del horror japonés de los últimos años (Ito, Maruo, Kago…) Hino queda como algo un autor un tanto inocente tanto por sus ilustraciones prácticamente naïf como por unos guiones que nunca llegan a acercarse a los estándares de truculencia que se suele manejar en la actualidad. Sin embargo, esta candidez también le da a El hijo del diablo un aspecto perturbador que hace que merezca la pena su lectura. 


Rusty Brown – Chris Ware

Chris Ware nunca falla. Es maestro de maestros, y es uno de los autores de cómics más suculentos de las últimas décadas. Así que decir que Rusty Brown es uno de los tebeos más increíbles que he leído en muchos años puede sonar a flipada. Pero es que esto es así como acabo de escribirlo. Siempre es así con Ware. 

En Rusty Brown se cuenta la historia de varios personajes cuyas vidas se cruzan en los pasillos de un instituto. A través de ellos, se tratan temas de moda como el racismo, el acoso sexual, el bullying, y sobre todo la soledad. Pero también temas universales como la frustración, el arrepentimiento, las relaciones familiares o la manera en que el paso del tiempo afecta a las personas. Y también funciona como un tratado práctico sobre cómo expandir los límites de la comunicación, tanto en el ámbito gráfico como en el literario. 

Y dado que pienso que cualquier análisis mínimamente interesante de la obra de Ware requeriría varios cientos de páginas llenas de textos sesudos y gráficos enmarañados, prefiero terminar aquí mi reseña; eso sí, no sin antes recomendaros que os leáis todo lo que caiga en vuestras manos firmado por Chris Ware.


 

Blacksad (Integral) – Juan Díaz Canales, Juanjo Guarnido

Este es otro cómic al que llego tarde. Blacksad, o las aventuras de un detective gatuno en un mundo de cartoon a lo Walter Lantz, es uno de los cómics que ha alcanzado mayor prestigio y proyección internacional en la historia del cómic español. ¡Si incluso tiene su videojuego para Nintendo Switch!

Esta especie de revisión fuertecita de las aventuras de Roger Rabbit es técnicamente impecable, y cuenta con un apartado gráfico deslumbrante y unos guiones bastante bien medidos. Desde luego, con elementos así me resulta fácil entender el enorme éxito que ha alcanzado Blacksad. Sin embargo, no puedo decir que me haya enamorado de este cómic. Es posible que el formato sea demasiado francés para mi gusto. O que eche en falta el derroche de imaginación y el humanismo de The Spirit de Will Eisner. O el humor cafre de Torpedo de Abulí y Bernet. O el salvajismo de Sin City de Frank Miller. Qué se yo, el caso es que noto que hay algo que me falta por ahí.

Por otro lado, en el anterior Dietario… ya comenté la pereza que me provoca la gente que solo colecciona ediciones integrales de clásicos consagrados. Pero sí que me parece muy positivo que los fondos de las bibliotecas públicas estén bien llenos de este tipo de volúmenes. De hecho, este integral de Blacksad lo tomé prestado de la Biblioteca Pública de Lleida.Y esto, ay, me recuerda que desde que llegó el COVID-19 las restricciones al acceso a las bibliotecas han sido constantes. Y, al igual que lo que comentaba sobre los mercadillos, me parece un daño enorme. Aunque esto da para otro post que sin gran problema sería bastante más suculento que este que están leyendo ahora mismo. Así que cierro esta parrafada y procedo a pasar a la siguiente referencia. 


Sensor – Junji Ito

El autor del que más cómics han entrado en mi casa en los últimos cinco años es Junji Ito. Sus historias molan mil, continuamente llegan a las librerías nuevos volúmenes suyos, y además casi todos tienen un precio realmente atractivo. Desde luego, así da gusto comprar. 

Y mi última adquisición ha sido Sensor, un manga interesante, pero que no lo recordaré entre mis favoritos del autor. Sí que hay un puñado de momentos deslumbrantes y en general es coherente con el resto de cosas de Ito, pero siento que flojea por algunos costados. Sobre todo, porque encuentro la historia un tanto deslavazada. Es como si se hubiera escrito de manera improvisada, así que las distintas tramas no quedan del todo bien articuladas y unos cuantos personajes parece que no han quedado rematados del todo. 

Por cierto, me lo he pasado en grande viendo 30 Monedas, las serie de Álex de la Iglesia para HBO, y me ha llamado la atención que no he visto que nadie haya comentado los guiños/a los mangas de Junji Ito que aparecen por ahí. La comunidad poseída, los monstruos híbridos, los infiernos domésticos… ¿soy yo el único que ha notado algo de esto?

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