Negro sobre blanco III: cómics II

Negro sobre blanco

Continúa esta serie de posts con las reseñas de otros seis cómics. Aún tengo pendientes de comentar algunas cuantas lecturas más, pero con este formato de posts se me va el tiempo de mala manera, así que aún no sé cómo remataré esto de Negro Sobre Blanco. Pero bueno, lo importante es que aquí está el nuevo post.

    Superman no es judío (y yo un poco)” por Jimmy Bermon y Émilie Boudet + “El Perro Bizco”, de Étienne Davodeau

Salvo afortunadísimas excepciones, no soy demasiado amigo de la escuela del cómic franco-belga. Sus álbumes suelen contar con un nivel artístico estimable, pero la mayoría de las historias me resultan aburridas, muchos de sus experimentos gráficos no me convencen, y además las ediciones suelen ser caras de narices. Vamos, que mis sentimientos hacia el cómic galo como género no son muy distintos a los que tengo hacia el cine francés regulero.

superman no es judío

Y lo que he encontrado en estos dos tomos va un poco en esta línea. El primero, “Superman no es judío (y yo un poco)”, presenta el relato autobiográfico del descubrimiento de las raíces judías de su familia durante su infancia, y los conflictos que esto le provocó al ir alcanzando la adolescencia y la edad adulta.

Ante todo tengo que reseñar que hace tiempo que estoy agotado de los cómics del género de testimonio autobiográfico. Pienso que todos los seres humanos tenemos una biografía, y la inmensa mayoría de estas no son interesantes más allá del círculo de familiares y allegados, salvo que el narrador posea talento para construir un relato significativo a partir de ella. Y en este caso ni el guionista ni el ilustrador parecen haber recibido este don, así que el resultado es bastante anodino.

perro bizco

El perro bizco” cuenta las peripecias de un trabajador del museo del Louvre que es presionado por su familia política para que consiga que un feo cuadro que pintó uno de sus antepasados termine colgado en sus paredes. Aquí, el dibujo es bastante más personal que el de “Superman…”, y la historia es más atractiva, pero la historia es tan amable que se pasa de sosa.

En fin, que estos dos álbumes se dejan leer, pero pasan al olvido en cuanto se termina la última página.

    «La leyenda de la Madre Sarah» de Katsuhiro Otomo y Takumi Nagayasu + «Gunnm«de Yukito Kishiro

Mi opinión sobre el cómic franco-belga no parece ser compartida por buena parte de la gente que influye en el mundo de los cómics (vamos, editores, redactores de suplementos dominicales o la gente que se encarga de seleccionar las adquisiciones en las bibliotecas públicas), quienes muestran un fervor rayano al fanatismo por lo que se publica al otro lado de los Pirineos. Del mismo modo, muchos de estos tratan con desdén el mundo del manga, un campo vasto y rico donde uno puede encontrar cosas bastante más excitantes, y que sin duda cuenta con un tirón popular mucho más amplio que lo que sacan los franceses.

Poco importa ahora repasar los porqués de este desprecio; solo puedo decir que me encanta el manga, y que este verano he aprovechado para releer dos series a las que ya dediqué mi tiempo hace años; ambas ambientadas en un futuro postapocalíptico y protagonizadas por una heroína femenina.

Alita Battel Angel

Gunnm” cuenta la historia de Gally, un cyborg de combate con cuerpo de mujer adolescente que comenzará luchando para convertirse en estrella de una versión ultraviolenta del rollerball para terminar envuelta en una guerra por la liberación de los desheredados de su mundo.

Se trata de un cómic bastante entretenido, con moles mecánicas que se sueltan sopapos como panes y guiños al gore bastante sabrosos. Sin embargo, las tramas no violentas me han resultado menos interesantes, bien por meterse en farragosos jardines seudecientíficos, por tirarse de cabeza a la ñoñería pastelera o por tratar temas políticos con cierta torpeza. Así que lo mejor es dejarse llevar por las peleas, que de verdad son muy espectaculares, y olvidarse del resto.
Por cierto, cuando compré la primera edición del cómic, allá por 1993, llevaba por título “Alita: Ángel de Combate”. ¿En qué momento y por qué razón pasó a llevar el título de Gunmn? Pues no tengo la más mínima idea.

Legend Mother Sarah

Otra cosa bien distinta es “La leyenda de la madre Sarah”. Después del exitazo de “Akira”, Katsuhiro Otomo redactó el guion de esta saga de siete tomos que Takumi Nagayasu se encargó de dibujar (con un estilo minucioso hasta la extenuación que bien podría pasar por el trazo del propio Otomo en Akira). La historia es la de una madre que recorre un mundo postapocalíptico en busca de sus hijos, que años atrás le fueron arrebatados.

La historia es deudora de Mad Max 2, tanto en la ambientación como en la forma casi mítica en la que se construyen sus personajes y las situaciones que deben afrontar. Pero al ver hace unos meses Mad Max: Furia de la carretera sentí que muchos de los rasgos del personaje que interpreta Charlize Theron estaban tomados de esta Sarah. Desconozco si el director George Miller ha leído este manga, pero a mí me gusta pensar que, efectivamente, sí se ha inspirado en él.

El caso es que “La leyenda…” me parece un soberbio cómic de aventuras y acción, cuyo único defecto es que ya exista Akira, cuya versión animada ha eclipsado el resto de la obra de Otomo ante los ojos del gran público. No me apetece pronunciarme sobre cuál de las dos obras es mejor que la otra, pero al menos diré que he disfrutado igualmente con la lectura de las dos.

    El gourmet solitario”, de Masayuki Kusumi y Jiro Taniguchi

taniguchi

El mundo del manga es muy amplio, así que también se encuentran obras que no se alejan tanto del gusto de los lectores de cómic francés. Entre estos el dibujante estrella es Jiro Taniguchi, que para los lectores europeos se ha convertido en los últimos años en el rey del manga adulto. Por desgracia lo de adulto no va por su contenido erótico (algo que en este autor brilla por su ausencia), sino por un dibujo sobrio y realista que suele ilustrar historias maduras, llenas de sentimientos y matices, un dechado de sutileza. Casi como un Wong Kar Wai del manga. Vamos, que tiene todas las papeletas para que me parezca un coñazo burgués que no vale ni para calzar la pata del sofá.

A pesar de todo, hay que admitir que Taniguchi es un dibujante soberbio, y que algunas de las historias que ilustra son grandiosas. Y puede que la historia de “El gourmet solitario” se encuentra entre ellas, pero su valor como buena bizarrez nipona creo que está fuera de toda duda.

La cosa va sobre un comerciante que anda todo el día fuera de casa por asuntos de trabajo, así que permanentemente está buscando garitos en los que meterse algo en el buche. En cada capítulo el tío entra en algún local, observa a los empleados y a los parroquianos, pide algún plato que en la mayoría de las veces no está disponible, acaba comiendo lo que le dejan los del bar, y casi siempre sale contentísimo con el menú que se ha zampado. Así hasta 18 veces, que es el número de restaurantes retratados en este tomo.

Entre lo que me ha gustado de este tomo podría hablar de sus minuciosas descripciones de la comida japonesa, del retrato costumbrista de Japón y sus habitantes, de la sutil descripción del personaje protagonista… pero la verdad es que son asuntos que me la traen un poco al pairo. Si de verdad me ha gustado este “El gourmet solitario” es porque es una frikada de tomo y lomo, de las que solo los japoneses son capaces de concebir. Para hacer cosas normales y sin gracia ya están los gabachos.

    Babel”, de Santiago Valenzuela

Las aventuras del capitán torrezno

Soy demasiado inconstante a la hora de ver series, así que no sé qué se siente cuando uno termina de ver todos los episodios de Los Soprano, The Wire, Perdidos, Breaking Bad, Mad Men o cualquiera de esas cosas que tanto os gusta comentar en las redes sociales. Supongo que lo más parecido que me ha sucedido últimamente es haber terminado Babel, el décimo tomo de Las Aventuras del Capitán Torrezno de Santiago Valenzuela, y ser consciente de que ahora no va a haber más Torrezno.

No me quiero extender demasiado con esto ya que me gustaría dedicar un post exclusivamente a esta saga, pero he de decir que tras el bajón que me supusieron tomos como el sexto o el séptimo, en “La estrella de la mañana” y sobre todo en este “Babel” sentía que la saga volvía a volar alto, e incluso cobraban interés tramas secundarias como la de la Iglesia o los traficantes de armas. Pero todo esto se acabó. Te echaré de menos, Gran Torrija.

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