Envases de cine: pelis francesas para todos los públicos

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    Bienvenidos al norte

La cinematografía francesa tiene fama de ser una de las mejores del mundo. En esta vida todo es opinable, desde luego, pero no hay duda de que de ahí han salido infinidad de cosas buenas desde la misma invención del cinematógrafo por los hermanos Lumière. Por ello no parece raro que distintos sectores del público acudan fielmente a la mayoría de estrenos de cine francés. Tanto como para que las pelis las francesas sean las que más público reciben tras las anglosajonas y las españolas.

El asunto es que los realizadores franceses a los que la crítica ha prestado adoración en las últimas temporadas (pongamos, por ejemplo, a Laurent Cantet, Abdellatif Kechiche, el más comercial François Ozon, los belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, Léos Carax…) suelen contar con una presencia anecdótica en las carteleras de los cines comerciales. Cuando estas películas llegan a estrenarse solo se distribuyen unas pocas copias que con frecuencia no llegan a trascender el circuito de pequeñas salas independientes. Entonces, aquí hay algo que no encaja… bueno no, todo encaja. Lo que ocurre es que, más allá del cine de autor, francamente minoritario en la mayoría de los casos, las grandes distribuidoras de España suelen apostar por una producción industrial que, dado que presenta unos rasgos estilísticos bastante homogéneos y va dirigido a un público bien definido, conforma su propio envase de cine.

    ¿Qué ven los que ven películas francesas?

Las películas que alcanzan mayor difusión suelen ser las que antes cosechado el éxito en el mercado galo, y generalmente pertenecen al ámbito de la comedia. Algunas muestras serían taquillazos insulsos como “Los chicos del coro”, “The Artist” o “Intocable”, u otros de interés más dudoso como “Bienvenidos al Norte”, que si ya era floja en su versión original termina por perder cualquier sentido en versión doblada. Suelen ser comedias para todos los públicos, formalmente elegantes y conservadoras, sin grandes estridencias narrativas y con un cierto tono moralizante, y bastante alejadas de las salvajadas de las comedias norteamericanas que más me han gustado en los últimos años. Por otro lado, es habitual que se estrenen otras pelis mucho menores que solo intentan aprovecharse del tirón comercial de alguna de las primeras. Por ejemplo, tras el éxito en la taquilla española de “Intocable” llegaron otras películas que contaban con Omar Sy en su reparto, como “Incompatibles” (atención a la conversión del título desde el original “De l’autre côté du périph” (“Al otro lado de la periferia”)) o “Un gran equipo”. O la infumable recopilación de sketches del film colectivo “Los infieles”, que se estrenó pocos meses después del éxito de “The Artist”, y cuyo único atractivo residía en la presencia en los créditos, entre otros muchos nombres, del director Michel Hazanavicius y el actor Jean Dujardin.

Más allá de esto, prácticamente todos los meses se estrena alguna otra comedia con menos nombre que las primeras. Las he visto mediocres (“Odette, una comedia sobre la felicidad“, “Populaire”, “Llévame a la luna”…) y las he visto terriblemente malas como “El juego de los idiotas” o “Pur week-end”.

Y, vale, últimamente también he visto algunas que me han gustado mucho “Declaración de guerra” o “En la casa”. Pero no dejan de ser la excepción que confirma la regla.
Y hasta aquí me he centrado la comedia, pero con el resto de géneros ocurre lo mismo. Recuerdo haber visto todo tipo de títulos demenciales, desde biografías (“De Nicolas a Sarkozy”, “Gainsbourg (Vida de un héroe)”), pelis infantiles (“Dos hermanos”), históricas (“Oro negro”), de terror (“El monje”), bélicas (“Días de gloria (Indigènes)”)…

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    “Los franceses hacen películas buenas, no como los españoles”

Las comparaciones son odiosas, pero todo el mundo las hace. Y es habitual escuchar esta frase en boca de gente que acude a ver este tipo de películas francesas. ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? Pues si bien me parece acertada a la hora de hablar del cine de autor, no lo veo tan claro en el momento en el que entramos en la producción industrial. Al fin y al cabo, estas películas de las que hablo serían las equivalentes a la serie media española. Por ejemplo, no soy nada fan de “La gran familia española”, pero tampoco considero que esté por debajo de la mayoría de las que he dicho antes. Y como ya he dicho más arriba, en general la comedia americana de los últimos años goza de una salud mucho más fuerte que la de la francesa. Así que el cine gabacho no sale demasiado bien parado con estas comparaciones.

También es curioso cómo cada cierto tiempo aparecen adaptaciones españolizadas de éxitos franceses. Si hace unos años “Al otro lado de la cama” emuló el formato de “On connaît la chanson” de Claude Chabrol, ahora se ve cómo “8 apellidos vascos” actualiza “Bienvenidos al norte” a la guerra de tópicos ibéricos. De todas formas no he visto ninguna de estas cuatro películas, así que no tengo mucho más que contar sobre este tema.

Por otro lado, las coproducciones hispanofrancesas son relativamente frecuentes. Me gustaría poder comprobar hasta qué punto con frecuentes las simbiosis culturales como las que se ven en las coproducciones austro-francesas dirigidas por Michael Haneke, que llegan a su extremo en “La Pianista”, en la que los protagonistas, austriacos nativos que habitan en la ciudad de Viena, se comunican entre sí en francés. O si la cooperación es meramente económica y en lo artístico se mantiene la identidad cultural del sitio del que provengan el director y el equipo técnico. Por desgracia, estoy haciendo una búsqueda rápida y google no me está ayudando a encontrar información sobre este asunto. Vale, este punto me ha quedado bastante cojo, pero más no puedo hacer. Habrá que pasar página y hablar de otra cosa.

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    El público

El grueso de los aficionados al cine francés “para todos los públicos” tiene bastantes puntos en común con lo que ya comenté en su momento sobre los espectadores de cine histórico y biográfico, sobre todo en lo referente a la edad avanzada y al alto concepto que tienen de sí mismos, aunque en este caso los asistentes no exhiben un aspecto tan pepero. En cualquier caso, este público sería similar al que acude a por un envase algo más amplio, lo que en su momento llamé “cine para listos”; este engloba a un conjunto heterogéneo de películas que como reclamo publicitario exhiben un prestigio que no les corresponde. Bien pueden ser supuestas producciones indies norteamericanas (casi siempre con un sello muy grande en su cartelera que acredita su paso por el festival de Sundance), que ni son tan independientes ni tan interesantes; bien películas de directores que hace décadas no tuvieron éxito popular pero sí talento, aunque este se fue por el desagüe al mismo tiempo que alcanzaron reconocimiento entre públicos mayoritarios; o, como en el caso que cuento aquí, el cine 100% comercial de Francia (o de cualquier otro lugar no anglosajón) que se vende como cine de autor. Ojalá que algún día consiga terminar posts sobre todos estos tipos de cine. De todas formas, este no es el único tipo de público que se acerca a ver películas francesas.

También se suele ve en las salas el, por ponerle un nombre, público francófilo. En realidad es una amalgama de gente bastante difícil de definir más allá de que comparten el gusto por la cultura francesa. Aquí metería desde nativos franceses residentes en España, antiguos emigrantes a territorio francés, estudiantes de idiomas que no se han dado cuenta de que con la peli doblada no se aprende nada, y gente que simplemente le gusta “lo francés”.

Por norma general este público suele estar tranquilo y calladito durante la proyección, y cuando se encienden las luces no suele aparecer mucha suciedad por la sala.

Por otro lado, estas películas son buenas para los que quieran disfrutar de la fila de los mancos en las sesiones golfas. Dado que las sesiones con más público suelen ser las de media tarde, durante la madrugada suele haber un ambiente íntimo y discreto (vamos, que las salas están vacías). Y dado que estas suelen ser pelis un tanto insulsas, no suele aparecer en la pantalla casi nada que distraiga la atención de lo importante. Ni siquiera un acomodador que vaya a estropear el cigarro o el canuto de postre.

Un pensamiento en “Envases de cine: pelis francesas para todos los públicos

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