Informe Lleida vol. 1: Ciencias sociales

Hace ya cerca de tres meses que me mudé a esta parte del mundo, y casi un mes desde que me empadroné aquí. Era de rigor que empezara a contar en este blog lo que me voy encontrando por Lleida, aunque la prudencia me dictaba que lo mejor era que dejara pasar algunas semanas, por la cosa de no tener que desdecirme más delante de ideas publicadas apresuradamente. Pero el tiempo corre, los plazos vencen y ya va siendo hora de sacar esto a la luz.

Así que aquí tenéis un análisis multidisciplinar de algunas de las cosas que me he encontrado en Lleida explicadas desde la geografía física, la climatología, la demografía y la economía. Más adelante ya iré hablando sobre otros asuntos.

Y aviso: este post posiblemente sentará mal a muchos leridanos. Y no porque lo haya redactado con pretensiones de incorrección política ni nada por el estilo. Lo es porque viene bien cargado de postverdad. De hecho, creo que entre el 30 y el 40% de lo que aquí cuento son informaciones poco fiables. Esto es así porque no domino bien todas las disciplinas que aparecen en el post, ni tampoco me he molestado en contrastar muchos de los datos que voy a exponer. Pero por otro lado me siento orgulloso de trabajar con la misma falta de rigor que la mayoría de la prensa que trata temas relacionados con Cataluña.

¿También ofenderá este post a los lectores que no conocen la ciudad? Solo el que siga leyendo conocerá la respuesta.

Lleida

Escultura que representa un amasijo de hierros. Al fondo, la ciudad y la Seu Vella.

    Geografía física

Lleida es la capital de la comarca del Segriá, y también la capital de la provincia a la que da nombre. Hay quien se empeña en seguir llamándola por el nombre castellano de Lérida, pero aún no he encontrado a ningún habitante de la ciudad que lo haga, así que paso de usarlo.

Lleida se encuentra en el extremo oeste de Cataluña, lo que la convierte en la Capital de la región de Poniente (sí, como en Juego de Tronos). Se encuentra muy cerca del límite de la provincia de Huesca (la ciudad de Fraga está situada a apenas 20 km de distancia), lo que convierte a Lleida en una ciudad fronteriza, así como de novela de Cormac McCarthy. Si tuviera que salir huyendo de Cataluña, en cuatro horas de travesía a pie campo a través podría llegar al otro lado. De noche y cargado con un par de maletas nadie me interceptaría. Lo tengo todo planeado.

Por lo demás, la ciudad se encuentra a 40 minutos en tren de Zaragoza, se tarda el mismo tiempo en llegar en tren a Tarragona, Barcelona está a hora y media en Blablacar y se dice que Andorra (o la frontera francesa) está a dos horas en coche, aunque esto último todavía no lo he probado.

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Esteladas cuelgan en unas ventanas de Lleida.

    Clima

Ya digo que muy cerca de Lleida se encuentra Fraga (Huesca), un sitio que quizás os resulte familiar porque ahí se encuentra la histórica discoteca Florida 135, conocida entre otras muchas cosas por haber sido la organizadora del desaparecido Monegros Desert Fest. Con esto quiero hacer ver que, aunque Lleida no pertenezca al Desierto de Los Monegros, tampoco está tan lejos. Vamos, que durante el verano he vivido aquí un infierno de calor. Durante julio y agosto la temperatura se ha estancado entre los 36º de máxima y los 21º de mínima. Algún día suelto la máxima ha sido uno o dos grados más baja, y también ha habido varios días que ha subido hasta rozar los 40º. En cuatro o cinco ocasiones ha llovido durante cinco o diez minutos, y esas han sido todas las precipitaciones que he visto este verano.

Claro, acostumbrado a los no-veranos de Cantabria, he flipado con esto. Nunca había imaginado que el calor fuerte provocaba lipotimias durante el día e insomnio durante la noche. Jornada tras jornada, semana tras semana. Dos meses seguidos.

Desde que ha entrado septiembre la cosa se ha suavizado. Las máximas se quedan sobre los 25-28º, y por la noche refresca y ya se puede dormir en paz.

De todas formas, según los habitantes del lugar el fenómeno meteorológico más característico de Lleida es La Boira, una niebla que aprisiona la ciudad durante largas semanas de invierno. Pero en verano esas cosas no se ven, así que de momento no voy a opinar sobre ello.

Lleida

Este es el peor semáforo que he encontrado en la ciudad.

    Demografía

Dice la Wikipedia que en la ciudad de Lleida residen unos 140.000 habitantes. Entre ellos existe una diversidad étnica especialmente promiscua. Me explico: la mayor parte de la población son nativos de la propia provincia de Lleida, aunque también hay un número estimable de gentes provenientes de las vecinas Zaragoza o Huesca. La locura llega con las poblaciones árabes y subsaharianas, que están presentes en una proporción que yo no he encontrado en ningún lugar de la cornisa cantábrica.

Según un estudio sociodemográfico que me acabo de sacar de la manga, la abundante demanda de mano de obra jornalera para las explotaciones hortofrutícolas de la provincia lleva décadas atrayendo a población inmigrante. A esto se le une la situación estratégica de la ciudad, en mitad de la ruta de entrada a Francia desde Madrid, que lo convierte en posible parada en el camino de estas personas hacia Europa central. Todo ello llevaría lustros propiciando una importante inmigración hacia la ciudad, hasta el punto de que se encuentran comunidades bien consolidadas, que ya han alcanzado su tercera generación. Por ello buena parte de estos grupos cuentan con un grado alto de integración social, pero también se aprecian ghettos -especialmente en el casco histórico de la ciudad- en los que el hacinamiento y la exclusión social son la norma.

Por otro lado, también están presentes en Lleida las habituales comunidades de individuos chinos, latinoamericanos, rumanos o eslavos. Y luego, personas a las que se les adjudica Lleida como primer destino cuando entran a trabajar a la Administración, como es mi caso y el de unos cuantos más empleados deSsanidad o de los Cuerpos de Seguridad del Estado.

Entre todos ellos se forma un melting pot que a mí me resulta flipante. No os hacéis a la idea de cuántos idiomas distintos empleo para comunicarme al cabo del día, ni de cuantos tipos de vestimenta distintos se pueden ver un sábado por la tarde en el Mercadona. Esto es la fiesta de la etnografía.

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Maceteros a modo de bolardos custodian la entrada del Eje Comercial.

    Economía

En algún sitio he leído que Lleida es la provincia más pobre de Cataluña. No tengo ni idea de cómo de pobre es Lleida ni como de ricas son provincias como para hacer cálculos. Pero bueno, me quedo con tres ideas así básicas:

En el término municipal de Lleida no hay ningún centro comercial. Supongo que la presión de los comerciantes del centro de la ciudad impide que el Ayuntamiento (lo que aquí se llama La Paeria) conceda licencias para grandes superficies. En todo caso, el hecho es que la vida comercial y económica del casco urbano presenta importantes peculiaridades, inéditas prácticamente cualquier otra capital de provincia del Estado.

Así, al así llamado Eix (eje comercial de Lleida) se le considera una de las calles peatonales comerciales más largas de Europa. Tal cual. Buscadlo en Google, que mucha gente lo comenta con bastante orgullo.

Tanto en el eje como en el resto de Lleida se pueden encontrar muchas de las franquicias omnipresentes (las de Inditex, Sfera, Tiger, Game, If, Desigual, Celio, Springfield…). Y ya en el extrarradio también están presentes algunas grandes cadenas: MediaMarkt, Decathlon, Brico Depot y muy pocas más. Y ya está. El resto de los infinitos locales comerciales de la ciudad están ocupados por pequeños negocios, que cubren una oferta de productos y servicios rica y variada… pero en la que no se van a encontrar las marcas que habitualmente busca el fan de las marcas. Es decir, aquí no se venden productos de Lush, de Primark, de Starbucks o de 100 Montaditos. Y no hay demasiadas tiendas que distribuyan estandartes del capitalismo del siglo XXI como Levi’s, Adidas Torsion o Quiksilver (Nota del Autor – no estoy seguro de si las marcas que he puesto como ejemplo son muy representativas de nada, pero es que tampoco soy tan tan fan de las marcas, así que espero que al menos se entienda lo que intento contar. Sorry). Hay quien las echa mucho en falta. Pero también mucha gente que no tiene ni idea de que esas cosas existen, porque nunca las ha visto funcionando.

El caso es que estas ausencias producen curiosos efectos en incontables manifestaciones de la vida cotidiana, desde la forma de vestir hasta el empleo del tiempo libre. Sobre todo esto a lo mejor escribo un post otro día. Lo importante ahora es dejar constancia de que gracias a todo esto la capital del Segriá tiene un aura de sitio fuera del espacio y del tiempo, ajeno a lo que acontece en el resto de ciudades del mundo en este 2017 tan hiperconsumista.

La agricultura lo peta en la provincia. Esto se manifiesta en una producción frutícola alucinante, que exhibe su poderío en los dos mercados semanales: el del jueves junto al campo de fútbol del Lleida y el del sábado en la zona de Pardinyes. Hablamos de tomates ricos y carnosos, de sandías como balones de Nivea y de otros productos que nunca he visto en los mercados de Cantabria y que parecen salidos de algún cómic de fantasía heroica o algo así.

Pero esta actividad también va asociada a la presencia de una importante masa de jornaleros, trabajadores del campo sometidos a situaciones de temporalidad y precariedad absoluta. Sí, aquí funciona lo de la furgoneta del patrón que cada madrugada aparece por la plaza para seleccionar a aquellos que tendrán oportunidad de ganarse el pan del día.

El turismo de montaña. Supongo que hay mucho de esto, aunque tampoco tengo ni idea acerca de este asunto. Me llama la atención que muchísimos habitantes de la ciudad aparecen practicando deportes de montaña en las fotos de perfil de sus redes sociales. Y al norte de la provincia se encuentra Baqueira, que dicen que es una estación de esquí que lo peta entre la gente de mucho dinero. Pero todo esto tiene pinta de que se concentra en la zona del Pirineo, donde no llegan las líneas de tren y solo hay carreteras nacionales. Vamos, que según dicen es casi imposible llegar desde la ciudad a esas montañas en menos de un par de horas, pero aún no lo he comprobado. Y, por otro lado, lo que es la ciudad de Lleida es refractaria al turismo. Aquí no viene casi nadie de visita (ni siquiera a los que están de paso), pero tampoco se le espera. Solo es bienvenido el que llega a buscar trabajo.

Por cierto, ¿alguien sabe cómo cómo se las arregla la gente de Madrid para viajar hasta la muy inaccesible Baqueira? ¿Helicóptero? ¿Teleportación? ¿Viajan por email? Explicadme, por favor.

Continuará…

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