Elitismos Musicales (II)

drugos

Existen mil formas de coleccionismo, y si habéis leído “Drugos el acumulador” de Mauro Entrialgo sabréis de lo que hablo. En los últimos años la propia industria discográfica ha apoyado una diversificación de los formatos de audio que permite múltiples maneras de acumular música. Y esto, como empecé a comentar en el anterior post, ha permitido un encuadramiento de los distintos oyentes en el seno de una jerarquía.

El estamento más distinguido es el de los consumidores de discos de vinilo. Es un formato que no solo permite una experiencia musical más satisfactoria –al menos en opinión de sus más acérrimos defensores- sino que también marca una diferencia respecto a los que consumen música en formatos menos elegantes. Los que compran vinilos formarían una especie de aristocracia, dentro de la cual se podría distinguir entre una alta nobleza (la que forman aquellos que coleccionan vinilos selectos, o sea, los discos usados más caros y las ediciones nuevas de mayor gramaje; gente que conoce los engranajes del mercado discográfica y tienen acceso a proveedores selectos) y una baja nobleza (los que acumulan vinilos aunque a un nivel más pobre, esto es, los que están en cubetas de mercadillos y tiendas de segunda mano, discos en mal estado de conservación o que por ser demasiado abundante no tienen un valor tan alto).

Por debajo se encontraría la clase media, formada por los que siguen pagando por escuchar la música que les gusta, aunque no se hayan pasado al formato noble (vinilo). A la clase media alta pertenecen los que compran cds originales, mientras que la clase media baja la integran los que tiran de streaming de pago. Sí, tanto unos como otros invierten dinero en disfrutar de la música. Pero los primeros se aferran a un formato en declive, cuyo valor como mercancía se va devaluando a medida que lentamente va quedando obsoleto. Y los segundos consumen un servicio efímero, del que no van a conservar ningún soporte físico con el que poder mercadear o simplemente alardear frente a otros aficionados.

La clase baja es la de aquellos que no gastan dinero en adquirir música, entre los que primero estarían aquellos que descargan archivos con buena calidad, más abajo los que escuchan música directamente de youtube y por último los parias, los que escuchan vídeos de Youtube desde los altavoces de su teléfono móvil.

Está claro que esta distinción tiene cierta de base objetiva (evidentemente, la calidad de sonido de un cd o un disco de vinilo es mayor que la de un video de youtube), pero en gran parte esta jerarquía se apoya en bases completamente irracionales. Ya comenté en el post anterior que me gustaría poder contrastar hasta qué punto estas diferencias mantienen alguna relación con diferencias económicas, culturales, de género… pero hoy no va a ser el día.

Y por supuesto que no es la única jerarquía basada en aspectos materiales que se encuentran en el mundo de la música. Bastantes aficionados compiten entre sí por tener los equipos de música más costosos, sin tener en cuenta si el resultado obtenido (es el caso de la popularización de los platos Technics para uso doméstico, o de los auriculares Monster Beats), o incluso por tener una camiseta más extraña de su grupo favorito. De algunos de estos aspectos tocará hablar en el siguiente post.

2 pensamientos en “Elitismos Musicales (II)

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