Recuerdos Rockdelux: Vives en los CDs que me regalaste

Cerró Rockdelux. 

Al igual que muchos de los que leéis esto ahora, tengo anécdotas para dar y tomar sobre todos los números que atesoro, los que compré, los que leí en la biblioteca y los que sisé, sobre las veces que me emocioné y sobre las que me cabreé leyendo sus páginas, sobre lo que me han inspirado sus textos a la hora de escribir, y también sobre los malos vicios que hizo que se me pegaran. Pero hoy me toca hablar sobre los cds que acompañaron a prácticamente cada Rockdelux publicada entre 1999 y los primeros meses de 2014, además de algún número esporádico en los años anteriores y los posteriores. 

A priori se trataba de vulgares samplers promocionales, como otros tantos que circulaban durante esos años. Los regalaban con cualquier excusa, solían tener un afán publicitario bastante burdo, traían una selección de temas juntados sin cariño ni criterio, y generalmente quedaban aparcados para siempre antes de que acabara la primera escucha. Bueno, en realidad esta definición también se puede aplicar a no pocos de los discos de RDL que llegaron a mis manos. Sin embargo, varios de ellos eran francamente interesantes. De hecho, si hiciera una lista de los cds que más he trallado en mi vida, sin duda incluiría alguno que otro de estos. 

Por desgracia, todavía confinado en esta casa, hoy no tengo acceso a las varias docenas de ellos que aún conservo en Santander. Pero, aunque sea de memoria, voy a repasar los diez discos (bueno, en realidad me han salido once) por los que guardo más cariño. 


Summer Hit! (RDL 121)

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En Santander, en 1995, resultaba harto difícil acceder a música de distribuidoras independientes. Por eso, los textos de la revista -que entonces se hacía llamar Rock de Lux, con separaciones entre cada una de las sílabas- funcionaban como escrituras arcanas que describían sonidos que la mayoría de los lectores no tendríamos manera de escuchar. Durante la década de los noventa la lectura de RDL tenía algo de acto de fe, lo que despertaba una fascinación semejante a la de aquellos que en la antigüedad devoraban relatos de viajeros sobre tierras ignotas pobladas por dragones, bestias marinas y hombres acéfalos. 

Para tener alguna idea de cómo sonaba todo aquello, generalmente solo cabía la arriesgada opción de comprar discos por catálogo. Aunque, como alternativa, en alguna ocasión apareció anunciado en la revista un teléfono con prefijo 903 donde podían escucharse algunas de las canciones reseñadas en ese número. Bueno, nunca me dio por marcar ese número, y quiero pensar que pocos recurrieron a una solución tan precaria.

En fin, todo esto ayudó a que el recopilatorio de la distribuidora Running Circle se convirtiera en un tesoro para mí. Gracias a él conocí cómo sonaban Lambchop, Lunachicks, Kim Salmon, Guided by Voices, Smog y otros raros con nombrajos de este pelo.Algunos me gustaron más y otros menos. Pero es imposible calcular cuántas horas dediqué a devorar de cabo a rabo este CD, mientras trataba de comprender por qué esa música que nadie parecía conocer a mí me ponían los pelos de punta.


You’ve Got the Fucking Power – (RDL 163)

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Entre los detractores de RDL a menudo se la criticaba porque, según se decía, solo hablaba sobre blandos. Parte de verdad hay en esta frase:mientras la mayoría de la prensa musical española se centró en hablar sobre los viriles sonidos del heavy o sobre el rock tradicional más recalcitrante, Rockdelux apoyaba sesudas propuestas orientadas al nicho de público reconocido mayoritariamente como pijo-gafapasta. 

Pero, a pesar de ello, la revista siempre reservó un hueco para tratar sobre todo tipo de corrientes tralleras. De hecho, lo hizo con mayor constancia y convicción que muchos de los que les tildaban de flojos

Y el recopilatorio de Digital Hardcore Recordings ilustra este respeto por las músicas extremas. Por aquel entonces DHR era el sello en el que Alec Empire trataba de llevar a la práctica el ideario de la izquierda radical berlinesa en la que militaba. Así que la música que editaban no pretendía animar fiestones de gente guapa ni publicidad de marcas molonas: lo que buscaba era desatar la violencia y provocar revueltas políticas entre los que lo escuchaban. 

Y este cd recogía algunas de esas bombas enriquecidas con post-gabber furibundo, breakbeat inhumano y noise venenoso. Traía temas del propio Empire en solitario, de su banda Atari Teenage Riot, y de otros cafres de la casa como Shizuo, Ec8or o Curse of the Golden Vampire. Contenía ocho cortes y apenas duraba media hora, pero no hacía falta nada más: el ritmo infernal de bpms dejaba exhausto incluso al más aguerrido de la discoteca. Es difícil dar más en menos tiempo.


Elefant Diez (1989 – 1999) – (RDL 168)

Durante la segunda mitad de los noventa, fuera de las grandes capitales, el concepto de indie se limitaba a lo que hacían Los Planetas, Sexy Sadie, Australian Blonde, Dover y Los Fresones Rebeldes. Pocos discos más llegaban a las tiendas, y pocos grupos más se acercaban para dar sus conciertos. Así que este disco tuvo para mí un tremendo valor. 

Porque, cuando La Pequeña Suiza cantaban “después de todo debo reconocer que los noventa han ido bien”, parecía como si este sampler no solo celebrara el décimo aniversario de Elefant Records, sino de toda una generación de indie patrio. Y, cuando La Casa Azul decía “tengo una invitación a viajar a un nuevo mundo (…) un huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno” era como si se abriera una puerta a otra realidad en la que habitaban algunos de los mejores grupos de la historia del pop estatal. 

Por ahí pululaban nombres históricos de la talla de Family, Beef, Los Flechazos, Patrullero Mancuso, Le Mans… pero también otros gigantes a quienes el tiempo fue relegando al olvido, como Cecilia Ann, Juniper Moon, Silvania o The Pribata Idaho.Entre unos y otros dejaron en este cd un puñado de canciones soberbias, que a mi entender constituyen uno de los mejores retratos posibles de las primeras hornadas del indie patrio. 


19:99. Las 19 mejores canciones nacionales de 1999 (RDL 170)

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Durante lustros, uno de los grandes reclamos de Rockdelux fueron los cds que resumían las mejores canciones del año. Al fin y al cabo, entre LO MEJOR solo deberían entrar canciones superlativas, ¿no?. Bueno, esa era la teoría, pero lamentablemente esta premisa no siempre se cumplió como yo hubiera deseado.

En cualquier caso, el primer recopilatorio de este tipo (incluido en el número de enero del año 2000) solo traía temazos impepinables. Y había para todos los gustos: el hip hop (ahí estaban 7 notas 7 colores, Ari, Violadores del Verso) compartía protagonismo con distintos palos de música electrónica (An Der Beat, Chop suey, Fermin Muguruza), con el rock de guitarras en toda su grandeza (Aina, Doctor Explosion) y con varias de las mayores joyas que haya dado el indie pop en castellano (Astrud, Chucho, Mercromina, Los Planetas, Parade o Patrullero Mancuso).

Por desgracia, en algún momento de la vida perdí mi copia de este cd. Pero me queda el consuelo de que para entonces ya estaba más que amortizado: es imposible calcular cuántas juergas tuvieron este 19:99 de banda sonora durante mis años de universidad. 


Selección Natural. Momentos 2001 (RDL 192)

Con el paso del tiempo, los nuevos recopilatorios de Lo Mejor del Año según RDL fueron perdiendo su magia. Las selecciones de temas se fueron haciendo más previsibles y menos brillantes cada año. Al fin y al cabo, insistir en que pasara a ser un disco triple era tan excesivo como tratar de alargar la fiesta de Nochevieja hasta el 31 de marzo. Así que se hizo inevitable que entraran cosas que no alcanzaban el nivel de excelencia deseado.

En cualquier caso, antes de esta decadencia sí que hubo resúmenes del año que merecieron mucho la pena. Y este mismo del 2001 sería uno de ellos. 

Lo recuerdo especialmente por los tiempos gloriosos en los que Ramón&Cajal djs pinchábamos cada mes en el Pub Metropole de Santander. Todas las noches yo cargaba con la habitual carpeta con un centenar de CDs, además de una bolsa con un par de docenas de recopilatorio de Rockdelux. Estos últimos variaban en función de lo que me apeteciera pinchar cada vez, pero uno de los que más veces llevé al bar fue este Selección Natural. Y es que las  canciones de The Strokes, Spiritualized, Experience, Le Tigre, Squarepusher, Fischerspooner o Ladytron formaban una sarta de comodines que casaban bien con casi todo y en cuestión de segundos espantaban cualquier asomo de bajón entre los asistentes. 

Por cierto, el cd también incluía una pista con el vídeo de Falling de Alicia Keys. No sé si algún otro disco de la revista traía material de este tipo, pero desde luego que no hay ninguno entre los que yo conservo.


Un soplo en el corazón. Homenaje a Family (RDL 213)

Los discos-homenaje suelen ser terribles. 

Pero el que Rockdelux organizó para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento de Un soplo en el corazón fue otra cosa que, efectivamente, me llegó a tocar el corazón. Vale, no alcanza a conmover de la misma manera que lo hace el original, pero es que resulta prácticamente imposible que suceda algo así. Y, en cualquier caso, esto no fue problema para que me tirara una buena temporada escuchando esta revisión en bucle. 

El plantel de versioneadores se dividía entre los pequeños antihéroes del pop como Apenino, Niza, Ama o Corazón, y los grandes titanes de la escena como Los Planetas, Chucho o La Casa Azul. Había hueco para versiones fieles, otras en las que el grupo llevaba la canción a su terreno, para experimentos y también para auténticas chaladuras. Y, por supuesto, también venía la versión que Fangoria se marcaron de Carlos Baila a la que llegué a dedicar un post en este blog

Una década más tarde, en 2014, cuando se cumplía el vigésimo aniversario de la salida del álbum original, apareció un nuevo tributo titulado Homenaje a Family (Un Soplo en el Corazón de Elefant). Pero ya no tenía la magia del disco de 2004. O puede que mi corazón ya no tuviera ganas de que recibir más vuelcos. Quién sabe. En cualquier caso, desgraciadamente, el calor que antes encontraba ya no está en su habitación


El Planeta de los Ritmos (RDL 220)

A diferencia de los anteriores, me llevé muy pocas veces este disco a las pinchadas. Me gustaban muchísimo las canciones que traía, pero entonces no encontraba manera de encajar estos bailes calientes entre el barullo de sonidos en que se convertía cada sesión como Ramon&Cajal djs. 

Por fortuna, no todo en la vida es pinchar música para la gente que va a los bares. Y ponerme este disco en casa me encantaba. Traía dieciocho joyas de bugalú, latin jazz, funk y rollos afrocubanos, que se apartaban de la mayor parte de lo que yo acumulaba hasta entonces (este cd acompañaba el número especial de verano de 2004). En aquel momento, nombres como Ray Barretto, Joe Cuba, Mongo Santamaria o Fania All Stars me parecían anécdotas muy disfrutables, pero poco conocía sobre sus carreras o el contexto en el que habían aparecido. Quién me iba a decir que 15 años más tarde yo iba a andar enganchado al universo de la salsa y de la música caribeña en general…

El Planeta de los ritmos era un recopilatorio de Vampisoul, sello subsidiario de Munster Records dedicado a reeditar material antiguo y a menudo alejado del canon del pop blanco anglosajón. Su catálogo es vastísimo y está lleno de nombres exóticos, por lo que discos como este funcionan como una útil guía para adentrarse en él. De hecho, también he devorado con auténtica devoción otras compilaciones de esta compañía como los ¡Chicas! (dedicados a cantantes femeninas españolas de las décadas de los 60 y 70), los ¡Gózalo! (que recuperan grandes y pequeños éxitos de bugalú tropical) o los Algo salvaje (que repasan el vastísimo catálogo de bandas que cultivaron el beat y el garage en la España de los sesenta). En fin, que el sello Vampisoul es un gran recurso para aquellos momentos en los que la curiosidad nos alerta de que es hora de expandir los horizontes de nuestros reducidos y aburridos gustos estéticos. 

Trojan: Classic Jamaican Sounds since 1968 (RDL 242)

Dentro de la tienda de Trojan Records pueden encontrarse varias decenas de Box Sets y recopilatorios oficiales. El fondo de catálogo del mítico sello es una mina casi inagotable, y desde finales de los ochenta llevan explotándolo con una política de reediciones sistemáticas que buenas alegrías ha brindado a los aficionados a la música jamaicana. Por supuesto que solo he accedido a una mínima parte de todo esto pero, si he de quedarme solo con un recopilatorio de los que he escuchado, escogería el que venía con el número de rockdelux de verano de 2006.

La selección de temas (firmada por el gran Ibon Errazkin) y repasaba un amplio espectro de subestilos, desde el ska primitivo hasta el dancehall electrónico, haciendo paradas en el rocksteady, el roots, el dub. Y, ¡pardiez!, quedó una playlist irrebatible, con Skatalites, Nora Dean, Ken Boothe, Gregory Isaacs, Augustus Pablo o Buju Banton brillando con unos temazos de quitarse el sombrero.  


Munster a Go Go. 25th Anniversary (RDL 265) + ¡La fiesta es para todos! (RDL 318)

El sello bilbaíno siempre se ha distinguido por su olfato para confeccionar un catálogo impresionante (y también por su facilidad para granjearse enemistades, pero eso ya es asunto para otro día). Así que no es de extrañar que estos dos samplers que acompañaron a rockdelux fueran modélicos. 

El primero, Munster a Go Go, celebraba el 25 aniversario del sello, y contenía un compendio de joyas a cargo de una buena banda de indomables del rock. Incluía temas gloriosos de ilustres malditos (Nikki Sudden, Swell Maps, Los Bichos, Cancer Moon), clásicos de ayer y de anteayer (The Neanderthals, The Gun Club, Scientists), rescates del garage peruano de los sesenta (Los York’s, Los Yetis)… Todos los cortes eran verdaderas joyas, y al terminar el Psycho de The Sonics que cerraba el disco siempre daban ganas de volver a ponerlo desde el principio.  

El segundo, ¡La fiesta es para todos!,  apareció con motivo del 30 aniversario de Munster Records, y escarbaba en el sustrato más freak y oscuro de su catálogo. Aquí se podía escuchar psicodelia checoslovaca, cumbia garagera, rare grooves, protopunk y también punk hecho y derecho, joyas olvidadas del r’n’r español de los sesenta y, por supuesto, el tema de Jonathan Richman que da título al album. En resumen: aquí había 19 temazos tan grandes como imprevisibles, y que jamás se atreverán a pinchar en Rock FM.


15 años Quemasucabeza (RDL 321)

¿En qué momento se desvaneció la magia de los cds que venían con la Rockdelux? Es difícil de precisar, pero posiblemente sucedió al mismo tiempo que los propios cds perdieron su condición de soporte musical por excelencia. El formato se dirigía lenta pero inexorablemente hacia la fatalidad de la obsolescencia, mientras el auge de las nuevas plataformas de streaming provocaban que el mismo concepto de sampler promocional perdiera su razón de existir.

A pesar de todo, junto al número de octubre de 2013 (que, ironías del destino, tenía como imagen de portada a El fenómeno Spotify) me topé con un cd que me hizo disfrutar como en los viejos tiempos. En él se celebraba el 15º aniversario del sello chileno Quemasucabeza, y para ello reunía a una docena de sus lanzamientos más recientes. Por aquel entonces yo apenas tenía noticia de que existía algo así como una escena pop chilena, y me quedé sorprendido por la frescura de ideas que manejaba toda aquella gente. A partir los temas de Gepe, Ases Falsos, Protistas o Fakuta me entró la curiosidad por lo que se cocía por allí, y me llevé unas cuantas buenas alegrías. Así que, cuando apenas unas semanas más tarde Javiera Mena lanzó el single de Espada, ya era consciente de que todo aquello era mucho, mucho más que una anécdota que quedaba en los márgenes de la cuadriculada programación de Radio 3.

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