M.O.vida madrileña

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Conseguí que me dieran el viernes libre en el curro, así que en cuanto fiché el jueves a la salida me subí a un BlablaCar y a las 19:00h ya había llegado a Madrid. A las 22:00h o así ya estaba viendo a El Pardo y a Mihassan en El perro de la parte de atrás del coche, y para la medianoche ya andaba por las calles de Malasaña con unas cuantas cervezas en el estómago. Bueno, pues de eso que me pongo a mirar a la gente que estaba comiendo algo en un puesto de pizzas, y de pronto me doy cuenta que uno de ellos es El Coleta. Me salió del alma un “coño, RAMSÉS”, y como se me quedó mirando con cara de “y este quién cojones es” ya no me quedó más remedio que presentarme. Le dije que soy bastante fan suyo y que estuve en primera fila dándolo todo en el conciertazo que dio en marzo en la sala Arena de Torrelavega. Él me contó que había parado un segundo a descansar, pero que estaba pegando carteles del concierto de presentación de su disco nuevo, que es el 12 de junio en la sala Silikona de Moratalaz. Y de eso que me dio por comentarle que me flipaba la idea del “Iberikan Pack”, la recopilación de sus obras completas que ha sacado en edición limitada gracias al kinkifunding, pero que soy el típico vago que me cuesta pedir las cosas por internet y que me da rabia haberme quedado sin uno por ser un gañán… a lo que me responde que si de verdad quiero uno, que me pase el sábado por Moratalaz y me lo entrega en mano. Y yo, claro, de cabeza que me fui para allá.

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Para el que no haya oído hablar de ello, “Iberikan Pack” incluye su nuevo cd, “M.O.vida Madrileña” (2015); “Yo soy El Coleta” (2013) en vinilo; “Más cornás da el hambre” (2011) e “Iberikan Stafford” (2009) en casette, guardadas estas en una caja de cinta de vhs; un fanzine hecho por El Coleta, una camiseta Weiss como la que lleva El Pirri en “El Pico 2” de Eloy de la Iglesia, unas chapas, un póster… y seguro que me dejo alguna cosa más. Todo esto por 35€. Imposible encontrar en estos tiempos a alguien que te ofrezca más por menos.

El sábado al mediodía cojo el Metro y me bajo en la parada Vinateros, y en el parque de al lado me encuentro a El Coleta con el maletero del coche abierto, repartiendo packs a más peña que había quedado con él para ahorrarse gastos de envío y tal. Bastante majo, me cuenta un poco cómo es Moratalaz, y le digo que me recuerda un poco a Cazoña en Santander, uno de tantos barrios del extrarradio de las capitales de provincia surgidos de la nada a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, en los que torres de pisos guapos para los maderos se levantan en medio de masas de bloques horribles de protección oficial y de portales misérrimos en los que realojaron familias gitanas a medida que fueron desmantelando sus campamentos de chabolas. También me comenta que el próximo fin de semana va a tocar en la Azkena de Bilbao, y le digo que es una pena que todavía no sepa con seguridad si voy a poder pasarme, a lo que me contesta “joer, pero no te vas a hacer 100km pa verme…”.

En ocasiones surgen fenómenos apasionantes en el underground, que te hacen mantener la fe en estas cosas. Me alucina la música de El Coleta. “M.O.vida madrileña” trae un puñado de canciones alucinantes. Me fascina el universo que ha creado él solito. Su iconografía cada vez es más rica: el cine kinki permanece en la base, pero por encima está todo eso de lo que se avergüenzan los españoles de bien. Droga, ultraviolencia y marginalidad no son más que el reverso de una realidad en la que el poder y la gloria lo ostentan políticos corruptos, grandes narcos y estrellas de la telebasura. Todo ello recreado a través de un sonido temible, casi gótico, construido a partir de una brillante reinterpretación de la tradición musical del extrarradio: “La historia de Juan castillo” de Los Chichos suena casi a Morricone, ”Lobo hombre en París” de La Unión se transforma en un infierno afterpunk, el heavy ochentero da pie a unos buenos perreos… Pasado y presente, ficción y realidad se confunden en un juego de espejos en el que las miserias de la actual utopía neoliberal se ven reflejadas en esta visión feísta del mundo de nuestra infancia. Al fin y al cabo, el verdadero esperpento ahora no está en las andanzas de El Pirri, Jesús Gil o de Pedro Piko, sino en la absoluta corrupción social de la España del 2015.

Me alucina que El Coleta haya financiado toda la tirada del “Iberikan Pack” sin el apoyo de sellos discográficos ni de instituciones oficiales, sino que ha juntado la pasta a base de crowdfunding. También me encanta el contenido, en el que se mezclan de artefactos de manufactura doméstica con un vinilazo todo guapo. Y el fanzine hecho a mano, sin trampa ni cartón. Y me flipa que haya conseguido colar nada menos que a La Mala Rodríguez en una grabación que tiene pinta de ser prácticamente casera. Incluso me tiene loco que muchas copias del pack las reparta él mismo en mano.

Pues sí, esto es el underground del 2015, señores. Todavía se abren algunos resquicios de autenticidad en medio de toda la tontuna de la música actual. Y en uno de ellos me encontré a El Coleta. Máximo respeto.

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