No me digas que no hay nada más triste que Pokémon

pokemon go

La letanía que este verano sirve de motor de los muros de las redes sociales está compuesta por mensajes de odio contra Pokémon Go y contra sus jugadores. Qué queréis que os diga: el universo Pokémon siempre me ha resultado fascinante, y en concreto este Pokémon Go me parece un videojuego revolucionario a muchos niveles. Incluso a nivel de interacción entre jugadores no recuerdo otro juego que les pusiera en contacto de manera tan directa y fluida desde que desaparecieron los salones recreativos. Así que no entiendo esas críticas lanzadas a discreción más que como una reacción irracional por parte de alguien que siente inseguridad ante las cosas que no entiende, y/o se siente molesta de que a su alrededor otras personas disfruten de un gozo sano sin antes pedirles permiso.

El caso es que estos días encuentro varias modas bastante más tristes y perniciosas que Pokémon Go pero que en mi entorno gozan de un éxito igual o mayor. Así que mientras escucho el himno Pokémon del gran Giorgio Basmatti, voy a hacer un repaso de ellas.

  • Recomendar series de forma compulsiva. Vamos, cada uno puede dedicar decenas de horas a la semana a aquello lo que le venga a bien, está claro. Lo que me resulta más incómodo es que haya gente que se dedique a venderme como imprescindibles algunas series con problemas terribles de ritmo, con anticlímax que se prolongan durante horas y horas, con guiones más estereotipados que las cosas que comentaba en la serie envases de cine, con deficiencias narrativas clamorosas, con un conservadurismo visual alarmante… por favor, ¡que pase ya esta moda y vuelva la televisión divertida!
  • La ola de noticias fuleras. Con la llegada del verano vuelven las habituales excusas exculpatorias de la nula calidad de los informativos: los redactores se van de vacaciones, el público demanda cosas playeras e intrascendentes… Pues nada, si no tenéis nada que contar, cerrad el chiringuito y no volváis, pero dejad de tirarnos basura informativa a la cara.
  • El lenguaje periodísitco ful. Palabros como sorpasso, asonada o zona de confort hacen sangrar los oídos de cualquier persona que mime un poco el uso del lenguaje. Con los amagos formación de nuevo gobierno estos días no se deja de comentar que “el Jefe de Estado contempla todos los escenarios posibles”, y no puedo evitar imaginarme a su alteza real corriendo por el recinto del Primavera Sound agobiado por los solapes de la programación.
  • Aprovechar estas cutreces informativas para soltar comentarios racistas. Qué culpa tendrán latinoamericanos, musulmanes, gitanos, rumanos o chinos de que tú seas un imbécil y un bocazas…
  • Pedir que se retiren libros del mercado. La campaña para censurar “75 consejos para sobrevivir en el colegio” de María Frisa es demencial. ¡Prohibido prohibir!
  • Tirarse el verano encadenado a curros precarios. Como los míos. Efectivamente: un año más regreso a “Adventureland”. Es la película de mi vida.
  • C. Tangana. Es un triste.
  • Las fiestas de Santander. Que la Semana Grande no solo es una cosa muy fascista, taurina y triste, sino que además cuenta con su propia legión de haters que protestan porque ven que hay gente que se divierte demasiado. De verdad, lo mejor para todos sería ilegalizar la semanuca y marcharnos todos a las Fiestas de Tezanos, donde programan un concurso de feos que está de putifa.
  • La nueva versión de “No hay nada más triste que lo tuyo” de Hidrogenesse con Single. Amo con locura a estos dos conjuntos musicales, pero esta revisión, más que triste, es muy sosa.

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