Algo de manga que he leído últimamente

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Llevo una temporada en la que la mayoría de los cómics que leo vienen de Japón. Me he puesto a repasar las cosas que han pasado ante mis ojos en los últimos meses y el manga arrasa con todo, tanto por la cantidad de páginas leídas como por el interés que me han suscitado. En este punto del post podría soltar mi habitual parrafada sobre por qué la mayoría de los cómics europeos y norteamericanos que se publican a día de hoy me parecen caros, aburridos e inútiles; pero como no me apetece repetirme, procedo ya a repasar tebeos que sí que me han gustado.

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  • Opus, de Satoshi Kon

Un dibujante de manga contempla cómo sus personajes se rebelan y empiezan a saltarse el guion. Entonces, no le queda más remedio que entrar dentro de las páginas que ha dibujado para poner orden, o de lo contrario nunca conseguirá entregar sus trabajos a tiempo. Paradojas temporales, el cómic dentro del cómic, el autor al que se le subleva su propia creación… En “Opus”, Satoshi Kon se dedicó a jugar con los límites de la narración y del dibujo, y la cosa no le quedó nada mal. Por desgracia, Kon falleció antes de terminar la historia. Por eso, “Opus” ha quedado un poco corto: dura solo dos tomos (algo que se agradece en un género en el que la mayoría de los títulos tienden a eternizarse), en los que no da tiempo a aburrirse; aunque, por desgracia, en esta historia inconclusa han quedado sueltos todos los flecos posibles.

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  • El caminante: edición definitiva, de Jiro Taniguchi

Entre 1990 y 1991 apareció en Japón “Haruku Hito”, una serie en la que Taniguchi ilustraba diversos paseos del personaje protagonista. Este tipo camina por barrios, parques, playas, descampados y por cualquier sitio al que le lleven sus piernas. Durante esas marchas se detiene a observar el paisaje, a hablar con viejos, a hacerse amigo de un perro o a nada en concreto. No existe un argumento lineal, ni falta que hace, que esto no es una novela gráfica. Lo que sí posee “El caminante” es el dibujo de Taniguchi, limpio y minucioso hasta la extenuación, que aquí se encuentra especialmente inspirado, así que con una edición cuidada como la de este integral uno puede deleitarse como un gorrino.

Por cierto, no tengo coche y me gusta andar por andar, como al señor protagonista de este cómic. Además, “El caminante” me ha recordado a otra historia de un hombre que camina sin rumbo, como es Ciudad abierta” de Teju Cole.

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  • Sunny, de Tatsuo Matsumoto

Matsumoto es el autor de manga que más me ha sorprendido en las últimas temporadas. En un ámbito en el que la mayoría de los ilustradores se aferran a unas convenciones formales bastante limitadas, Matsumoto se salta casi todas y prefiere establecer sus propias reglas a partir de un trazo personal e intransferible. Hasta ahora en España solo se había publicado algún tomo suelto suyo, pero en este 2016 han coincidido la salida de la serie “Sunny” (actualmente va por el sexto tomo) y de “Go Go Monster“, ambas de la mano de ECC Cómics.

Al igual que en “El Caminante“, aquí tampoco hay un argumento lineal al estilo occidental. En “Sunny” se relatan las vivencias de los habitantes de la Casa de los Niños de las Estrellas, una especie de casa de acogida para chavales que por diversos motivos no conviven con sus padres. Estos niños comen, van a clase, juegan y se pelean, y a menudo se meten en un Nissan Sunny sin ruedas que tienen el jardín de su casa y que viene a ser como su caseta en el árbol. Entretanto, se funden las alegrías de un grupo de niños de viven, crecen y aprenden bajo un mismo techo, junto con la amargura de la ausencia de unas familias al estilo tradicional y el estigma de saberse distintos del resto de niños.

Por cierto, cuando yo tenía 13 años mi padre se compró un Nissan Sunny, que fue el coche de mi familia durante casi dos décadas.
Estoy enamorado de este manga.

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  • Infierno embotellado, de Suehiro Maruo

No tenía noticia de nuevos lanzamientos de Maruo desde que apareció “La extraña historia de la Isla Panorama” (2009), así que ya había bastantes ganas. Para el que no le suene, Suehiro Maruo es algo así como el emperador del manga truculento, el más obsceno y malrollero de todos. Y en este nuevo tomo se recopilan varias historias cortas publicadas en Japón entre 2010 y 2012. Entre ellas se encuentra un poco de todo: desde crueldad, ultraviolencia y humillación sexual en “Pobre hermanita”, hasta perversidades más sutiles y estilizadas, como la de la historia que da título al libro. Como de costumbre, el conjunto se convierte en un genial ultraje a cualquier tipo de moral y de decencia.

Por cierto, me ha resultado curioso el capítulo titulado “La tentación de San Antonio”, parodia de la imaginería católica en la que homenajea a “Simón del desierto” de Luis Buñuel, además de varios cuadros de Dalí, El Bosco o Max Ernst. Bueno, en general me suele hacer gracia cuando los japoneses representan la imaginería católica con la pasión de alguien que se ha criado encerrado en un seminario, cuando en realidad son budistas de toda la vida.

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  • La extraordinaria invasión mongola, de Shintaro Kago

¡Pero cómo mola Shintaro Kago! Lo último suyo que ha aparecido en España es este tomo, en el que reescribe la historia de la humanidad dentro de un universo en el que unas enigmáticas manos gigantes revolucionan la potencia de trabajo y de guerra de aquel que las controla.

Kago es uno de los grandes visionarios de las viñetas con los que me he topado en los últimos tiempos, y una vez más te tira a los ojos unos buenos chorongos repletitos de lisergia narrativa y de humor salvaje, que son dos de las cosas que más me gusta encontrar cuando abro un cómic.

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  • Frankenstein y Relatos terroríficos, de Junji Ito

La mayoría de los autores de los que hablo en este post presentan obras perturbadoras, pero el único a quien yo metería en el saco del terror puro es a Junji Ito. La revisión que ha hecho del mito de Frankenstein ya da pistas sobre dónde van los tiros, pero me ha resultado mucho más interesante el contenido de “Relatos terroríficos”. En ellos aparecen la mujer sin costillas, la casa del dolor, la chica que puede copiar la cara de los demás, el hombre reversible, las bebedoras de sangre… relatos cortos con desigual acabado gráfico (al recopilar historias de diversa procedencia, se hace evidente el contraste entre la pulcritud de unos y la tosquedad de otros), pero en todos se aprecia el gran talento de Ito para moldear y deformar los límites de la realidad tal y como la conocemos. Tendré que investigar más sobre él.

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