Sobre El Jueves

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No voy a pararme a relatar lo acontecido en los últimos días en la redacción de El Jueves, porque en la red ya circula información de sobra. El caso es que preveo que este asunto va a desembocar en el cierre de la cabecera, o al menos en un cambio a un formato mucho más modesto y menos relevante. No quiero tampoco detenerme en la dimensión política del asunto, más allá de mostrar todo mi respeto por los ilustradores que han abandonado la revista. Lo que me interesa comentar que probablemente esté a punto de desaparecer la última gran revista de cómics que queda en España.

Desde que El Víbora dejó de publicarse en el año 2004, El Jueves ha sido la única revista de gran tirada centrada en cómics que ha llegado a los kioskos, lo que ha supuesto todo un prodigio de supervivencia. El semanario se fundó en 1977, en medio del estallido editorial propiciado por la desaparición de la censura franquista. De ahí también surgieron un puñado más de revistas orientadas a un público adulto y que alcanzaron cierto brillo durante la década de los ochenta, como CIMOC, El Cairo o el citado Víbora. La mayoría de estas tuvieron que cerrar en la primera mitad de los noventa, pero El Jueves logró aguantar veinte años más.

¿A qué se debe esa resistencia? Supongo que el formato, con una temática centrada en la sátira de la actualidad política -frente a la línea más erótica o más underground del resto de cabeceras- y un plantel de autores españoles con tirón popular ha resultado grato a públicos que trascienden el cerrado coto de “adultos que leen habitualmente cómics”.

Los contenidos de la revista se han ido adaptando al paso del tiempo. Así, durante la década de los ochenta y los primeros noventa lo más reconocible de la revista era la línea digamos costra de autores como Azagra o Ivá, que poco tienen que ver con los Pedro Vera o Paco Alcázar que han brillado en la última década. En cualquier caso, durante décadas El Jueves ha funcionado como una especie de escaparate en el cual el gran público se ha familiarizado con innumerables artistas. Y, a priori, parece difícil que otra revista vaya a conseguir adoptar a partir de ahora ese papel.

Las únicas candidatas que se me ocurren son Mongolia, que también se dedica al humor político pero en cuyas páginas el cómic cuenta con un protagonismo bastante menor, y el TMEO, que cuenta con una distribución bastante más corta. Por otro lado, la idea de que los dibujantes que han abandonado la revista funden una nueva, al estilo de lo que Paco Roca cuenta en “El invierno del dibujante”, suena romántico, aunque en un momento de crisis editorial como el actual parece dificir que se repita un tirón como el que ha tenido El Jueves.

En fin, que al pensar en las consecuencias que acarreará todo el jaleo de los últimos días solo se me ocurren pensamientos pesimistas. Ojalá que pueda releer estas líneas dentro de unos meses para reírme de lo equivocado que estaba.

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