Las cosas inútiles

basura

Hace unos días se anunció el próximo lanzamiento de un recopilatorio de maquetas de Kurt Cobain. En teoría se trata de temas inéditos, rescatados del olvido gracias a “Montage of Heck”, el documental sobre Cobain estrenado hace unos meses. Pero el caso es que cuando he escuchado “Sappy”, el primer adelanto del disco, me he encontrado con una canción que conozco desde hace décadas. Esa canción ya venía en las viejas cintas piratas de Nirvana que circulaban de mano en mano entre mis compañeros de instituto. De hecho, recuerdo tocar esa misma canción en la guitarra allá por 1995, cuando todavía me afanaba por aprender a dominar un instrumento. Pero es que ni siquiera es un tema especialmente difícil de encontrar dentro del repertorio de Nirvana. Se trata de una versión acústica de “Verse Chorus Verse”, un corte que ya se publicó en 1993 como corte oculto en “No Alternative”, uno de los discos benéficos a favor de la lucha contra el SIDA de la serie Red Hot, y que volvió a aparecer (esta vez ya acreditada) en la caja “With the Lights Out” que se publicó en 2004.

Tampoco es que lo de colar como inéditos temas más viejos que la orilla de la mar sea algo que me pille por sorpresa. Mismamente recuerdo cómo en 1994 –el año en que Cobain falleció- se cumplió el 25 aniversario de la muerte de otro hermoso cadáver de Seattle como fue Jimi Hendrix, y a partir de ahí empezaron a surgir como setas temas “inéditos” que desembocaron en la publicación de álbumes como “Voodoo Soup” (1995) o “Delta South of Venus” (1997), bien cargados de canciones de sobra conocidas desde mucho antes para los fans de Hendrix y, en general, de material perfectamente deleznable.

El capitalismo necesita generar continuamente nuevos productos con los que alimentar un mercado que por lo general no tiene suficiente apetito para tragar con todo. Existe una obsesión por presentar más productos nuevos de los que el ser humano es capaz de idear, por lo que la calidad y el interés de estos suele decaer de forma indecente. Ya dediqué los posts de la serie Envases de cine a analizar este fenómeno en el ámbito del cine. Pero en cualquier nicho se pueden encontrar ejemplos similares.

Me resulta especialmente divertido contemplar este fenómeno entre los gigantes de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, es curioso el afán de google por vender revoluciones que se quedan en meros callejones sin salida. Los caso más recientes que me vienen a la cabeza son las Google Glasses (“pronto todo el mundo querrá tener unas”) o Google + (“la red social que pronto sustituirá a Facebook”). No se queda atrás Apple, con un recién lanzado Iphone 6s que se diferencia del anterior modelo en… nada que el usuario llegue a percibir. Más divertida es la ocurrencia de Samsung de lanzar teléfonos con una pantalla curva que solo sirve para activarla sin querer y para que exista una zona de debilidad mucho más amplia que en el resto de modelos, que además ya no se podrá proteger con una funda porque dejaría de resultar funcional. Y la lista de ocurrencias sería tan larga como la de departamentos de comunicación y marketing de empresas del gremio, porque aquí no se salva nadie.

La obsesión por la novedad y el exceso de estímulos hace que los sentidos queden abotargados y que la capacidad de mantener la atención decaiga. Si no sucede nada que ayude a espabilar, desaparece el deseo como tal y solo queda un impulso reflejo que lleva a seguir consumiendo sin importar si se va a obtener alguna satisfacción. Es decir, que se llega a un momento en el que el ser humano consume basura como si fuera algo rico.

Vivimos en la era del Spam. Y en la Sociedad del Spam Global, Spam de Autor es el Rey.

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