Escucha esto, de Alex Ross

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En 2012 la editorial Seix Barral publicó en España “Escucha esto”, el último libro de Alex Ross. Se trata de una voluminosa recopilación de artículos sobre música de lo más interesante. Aunque tampoco resulta una novedad que esto sea así: siempre es interesante leer a Ross cuando escribe sobre música.

Alex Ross es un periodista musical al que los lectores del New Yorker conocen bien ya que escribe ahí como crítico desde 1996, pero el resto del mundo le descubrió cuando llegó a las librerías “El Ruido Eterno” (“The Rest Is Noise” en su versión original, publicada en España en 2009 de la mano de Seix Barral), un magistral repaso a la historia de la “música culta” que se creó a lo largo del siglo XX. Por cierto, no se debe confundir a este Alex Ross con el dibujante de cómics del mismo nombre.

Escucha esto” contiene un surtido de 20 artículos de temas variados, que versan sobre autores de música clásica y también sobre estrellas del pop y del rock; sobre intérpretes y directores, sobre estilos musicales, sobre la educación y la divulgación de la música, los cambios que trajo la aparición de la música grabada, la forma en que se concibe la música clásica en China, la crisis de la educación musical… No hay un hilo único que dote al libro de algo parecido a una estructura lineal; los capítulos saltan de manera aparentemente caprichosa de Mozart a Radiohead y de Björk a Schubert. Lo que dota de coherencia al conjunto es la pluma y la cabeza de Alex Ross.

Si Ross ha conseguido la fama que posee es porque da gusto leerle. Es capaz de hacer interesantes, entretenidos e incluso emocionantes temas que en otras manos rozarían el ladrillazo. Esto no solo se consigue a base de acumular técnica de redacción, sino también de tener una cabeza bien llena de ideas.

Y al terminar “Escucha esto” uno puede recomponer mucho de lo que Ross piensa sobre la música. Es algo difícil de resumir (normal, si a él le hacen falta seiscientas páginas para exponerla…), pero que a grandes rasgos pasa por valorar la importancia de la educación musical como medio de transmisión cultural (de hecho, sus textos cuentan con un importante componente didáctico), algo que permite disfrutar de la música sin prejuicios ni de elitismos: Nirvana o Sonic Youth son tratados con la misma reverencia que Verdi o Brahms. Para él, vanguardias y sonidos tradicionales, o música culta y música popular, son parejas que pierden valor si se separan.

A la hora de exponer sus reflexiones Ross presta atención a cuestiones técnicas (un asunto que el periodismo musical suele sacrificar en cuanto intenta llegar a públicos grandes), pero busca el significado de estas en las relaciones que estas guardan con la trayectoria vital y el entorno político y cultural en el que se movió su autor, además de la manera en que el público recibe la obra. En fin, en sus textos Ross enseña a escuchar música. Y, por extensión, a escribir sobre música.

Tampoco nos engañemos: “Escucha esto” no ha llegado a gustarme tanto como “El ruido eterno”. Al contrario que aquel otro, hay varias partes de “Escucha esto” en las que he sentido el texto hablaba de cosas que eran completamente ajenas a mí. Por ejemplo, tuve que dejar a la mitad el capítulo dedicado a “El sonido ártico de John Luther Adams” o “El refugio de Marlboro” (y no tengo muy claro cómo me las arreglé para terminar el de “La Chacona”). Pero bueno, no creo que sea un problema tan grave saltarse una veintena de páginas de una obra de 600. Al menos no tanto como para dejar de recomendar un libro que me ha parecido de notable alto.

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