Envases de cine: Superhéroes y otras aventuras

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Tradicionalmente, el cine de aventuras solía equivaler a espectáculo puro, algo que los grandes estudios de Hollywood saben hacer mejor que nadie. Cuando yo era niño, aquel género era un cajón de sastre en el que podían entrar películas tan dispares como Los Goonies, 007: Alta tensión, La Joya del Nilo o Golpe en la pequeña China. Lo importante, lo que hacía que una de estas películas fuera grande, era que hubiera un guión deslumbrante que supiera aportar un equilibrio entre la acción trepidante y una trama ingeniosa. Sin embargo, en los últimos años la variedad del género ha menguado: las películas de superhéroes han llegado como una especie invasora que se come un género entero y configura el modelo de envase de cine. Fuera de esto, en 2013 sobreviven algunas excepciones (principalmente en la ciencia ficción) y se acabó.

    Un poco de historia

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    Spiderman, de Ron Stalof

La hegemonía del cine de superhéroes es un fenómeno nuevo, casi instantáneo. Porque, tradicionalmente, las películas basadas en héroes del cómic eran una basura. Allá por los ochenta, como buen Marvel-fan, me veía todo lo que se estrenara en cine o en VHS relacionado con la editorial, ya fueran Spiderman o el Capitán América en pijama, o un Punisher de Dolph Lundgren que desde su distribuidora ni siquiera se acordaron de que aquí se le llamaba El Castigador. Todas eran producciones baratas en el peor sentido de la palabra. También había cosas sueltas algo más estimables como las de Batman de Tim Burton, pero cuando Hollywood ponía dinero en adaptar cómics generalmente salían cosas tirando a horribles como Dick Tracy o Rocketeer. En cualquier caso, el cine de aventuras vivía una pequeña edad de oro por lo que no hacía falta nutrirse de adaptaciones de otros medios.

A medida que se acercaba el siglo XXI las adaptaciones de héroes del cómic se hicieron más frecuentes, pero todavía no se caracterizaban por llegar a unos mínimos de calidad: los Batman post-Burton, Tank Girl, Juez Dredd, y más adelante Spawn, Daredevil, Hulk, La Liga de Caballeros Extraordinarios, Elektra o Catwoman fueron productos bastante deficientes. De vez en cuando se veían cosas más dignas, como el Spiderman de Sam Raimi, pero eran la excepción.

Pero un día la cosa empezó a cambiar. El punto de inflexión lo sitúo entre los estrenos Batman Begins (2005), V de Vendetta (2006), 300 (2006) y Watchmen (2009), basados en clásicos que sumaron un grado de madurez a los cómics de superhéroes. Estas adaptaciones fueron más ambiciosas que sus predecesoras, y consiguieron atraer a públicos más diversos. Lo cierto es que ninguna de estas películas me parece excepcional más allá del entretenimiento puro y duro, y de hecho las tengo por adaptaciones un tanto discretas, pero el hecho es que han marcado el camino de casi todo lo que iba a venir después. Porque por aquellos años también se estrenaron cosas como Sin City, a la que sí tengo por gran película y mejor adaptación, pero su estética rupturista solo encontró continuidad en la detestable The Spirit.

    Tipos de películas

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    Los Vengadores

Dentro de las mayores superproducciones (los mastodontes de presupuestos hiperhinchados, con repartos plagados de grandes estrellas, toneladas de efectos digitales, creadas según la premisa de la que hablé en el post del cine para niños de servir como anuncio del merchandising que el espectador deberá comprar cuando salga de la sala) Warner se hace cargo de las últimas adaptaciones de Batman y Superman. Marcadas con el sello de Christopher Nolan y Zack Snyder, tratan de dar una imagen del héroe sombría, adulta y filosófica; pero los intentos de hacer que tipos con disfraces chorras planteen dilemas hipertrascendentales sin ningún atisbo de sentido del humor hacen que todas ellas me resulten un tanto cómicas. El caso de presentar a El Hombre de Acero como un mesías ataviado con un cibertraje de lentejuelas dentro en una película francamente aburrida me pareció bastante ridículo.

Disney compró en 2009 los derechos de Marvel, y a partir de entonces ha reventado taquillas con Los Vengadores, la saga Iron Man y la última versión de Spiderman. Se trata películas más coloristas y desenfadadas –y posiblemente más infantiles- que las de los héroes DC. Y por último 20th Century Fox se encarga de las de la franquicia X-Men, pero esta no la he seguido muy de cerca.

Alrededor de cada una de estas líneas habría una estela de spin-offs de presupuesto e interés más reducidos. Así, en torno a Los Vengadores se han visto películas sobre Hulk, Thor o el Capitán América. DC ha estrenado Linterna verde y también ha anunciado futuras películas sobre Flash y Wonder Woman, que confluirán en la Liga de la Justicia, planeada para el 2017 como intento de plantar competencia a Los Vengadores. También hay dos Lobezno derivados de la matriz X-Men. Prácticamente ninguna de estas pasa de ser un tráiler largo de las películas más caras de cada franquicia.

Por otro lado se encontrarían otras adaptaciones de cómics que no se publicaron en ninguna de las dos grandes editoriales norteamericanas -como Kick Ass o John Carter– aparte de productos más inclasificables como el Green Hornet de Michael Gondry o la adaptación del héroe italiano Dylan Dog.

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    Hansel y Gretel cazan brujas

Personajes clásicos reciclados como superhéroes. Otra moda reciente es la de recuperar personajes literarios clásicos e insertarles en un entorno de estética superheroica. O más bien hinchar todo con escenas de acción absurdas y con un diseño de producción basado en una fotografía que fusiona el aspecto épico videojueguil y el gotiqueo de Tiendas Tipo a lo Tim Burton. Yo diría que la veda se abrió con la infame Van Helsing, y con el tiempo se ha ido convirtiendo en una pequeña plaga. En los últimos meses se han estrenado cosas como Abraham Lincoln cazador de vampiros, Percy Jackson, Hansel & Gretel: cazadores de brujas, Blancanieves y la leyenda del cazador… para echar a correr.

Dentro de esta línea hay un grupo de películas que readapta diversas mitologías a este formato. Ira de titanes/furia de titanes, Immortals, incluso el citado Percy Jackson o la propia Thor siguen el camino que marcaron engendros como Troya o El rey Arturo de convertir mitos clásicos en detritus.

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    Pacific Rim

Otras aventuras. Unas cuantas de las películas que pasan por las carteleras no son adaptaciones directas de cómics pero comparten el tono de fantasía heroica. En los últimos meses se han estrenado RIPD, Guerra Mundial Z (basada en un libro que alcanzó celebridad entre los lectores de cómics de superhéroes), Pacific Rim (que viene a ser una revisión del género manga de los mechas -robots de combate gigantes- cruzado con el de monstruos al estilo de Godzilla), El llanero Solitario (en este caso basado no en un cómic sino en un serial radiofónico que llegó a convertirse en serie de televisión)…

Adaptaciones de sagas literarias adolescentes. No creo que haga falta extenderse en presentar a las sagas Crepúsculo, Los Juegos del Hambre, Cazadores de Sombras, Harry Potter o Narnia. Ni mucho menos con El Señor de los Anillos. No son adaptaciones de cómics, pero sí que es muy habitual encontrar ejemplares de las novelas originales en las estanterías de las tiendas de cómics.

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    Elysium

Ciencia ficción. No sé si en algún momento la ciencia ficción desapareció de la cartelera, pero de un tiempo a esta parte el cine de naves espaciales cuenta con una nutrida representación. A Oblivion, After Earth, Star Trek o Elysium pronto se les unirán El Cosmonauta o Gravity. Pero es llamativo que la estética que representan, más que futurista, tiene un aspecto retro. En un panorama tan conservador estas películas no plantean reflexiones sobre el mundo del mañana, sino sobre la visión del futuro que plantearon los clásicos de la ciencia ficción entre la década de los cincuenta y la de los setenta y que a día de hoy parece cosa del pasado.

    Nombres propios

Sí, existen algunos directores que se pueden destacar en medio de este lío, pero prefiero hablar de ellos en un anexo.

    El público

Junto con las películas para niños, las de superhéroes y aventuras son el otro gran ejemplo de cine para todos los públicos. Pero entre los espectadores de superhéroes es difícil encontrar un grupo humano que destaque sobre los demás. Por tratarse de un género fuertemente vinculado al mundo del cómic se podría pensar que el sector freak se dejaría notar, pero lo cierto es que aparecen diluidos entre una masa de espectadores random con camisetas y accesorios de superhéroes comprados en H&M o en Springfield. La proporción entre niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres que acuden a las salas es bastante similar. Tan solo destacaría que en las adaptaciones de sagas literarias (excepto en El Señor de los Anillos) sí que suele ser más abundante el público femenino adolescente.

En cualquier caso, que este tipo de cine consiga meter a las salas a gente de todo tipo y condición le ha permitido alcanzar algunos de los mayores taquillazos de las últimas temporadas (de todos los tiempos, de hecho) pero no quita para que los batacazos sonados sean bastante frecuentes. Se ha llegado a un punto en el que el mercado está saturado de superproducciones demasiado parecidas entre sí, y que cada vez se centran más en los aparatosos efectos digitales y en la media hora final de rigor llena de ruido, de explosiones y destrucción, y se olvida de que lo que hizo grande al género fue el equilibrio entre la acción trepidante y una trama ingeniosa.

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