El ocaso de Last.fm

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Aunque la mayoría de usuarios de internet ya no recuerde que existe, Last.fm sigue funcionando. A su manera, un poco ajena al ritmo al que evolucionan internet, los gustos de los consumidores y el propio mercado de la música. Parece un anacronimsmo, casi como Fotolog o MySpace. Aun así, hay unos cuantos detalles por los que sigo siendo fan de esta mezcla de reproductor de música y red social. Aunque a veces sea un dolor. Por desgracia, demasiadas veces.

No tengo claro cuándo apareció la web Last.fm, ni cuándo fue la primera vez que la visité. Mi recuerdo más antiguo es de un trabajo que tuve allá por las navidades del año 2006; hacía falta alguna especie de hilo musical y yo recomendé esto a mis compañeros. Por aquel entonces funcionaba como una especie de radio online que generaba una playlist de manera automática a partir de las preferencias que se señalaran. En aquel caso concreto recuerdo que alguien propuso poner como punto de partida a los Misfits, y la web generó por sí sola el par de horas de punk rock de copetín que nos hacía falta.
Por entonces, además de la reproducción de una inmensa base de datos musical (cuando todavía quedaban unos años para que apareciera Spotify), el mayor valor de Last.fm estaba en la posibilidad de conocer nuevos artistas o canciones a través de estas listas de reproducción. lComo es de esperar, casi siempre se colaba bastante metralla por ahí, pero también surgían nuevos nombres a los que merecía prestar algo de atención.

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Ahí están los discos que Last.fm dice que más he escuchado desde 2009

Pero esto era solo el principio. Con el paso del tiempo Last.fm empezó a ofrecer las tres funciones que a mí me resultan más atractivas:

  • Scrobbler. O, lo que es lo mismo, la confección de historiales de reproducción. No solo de lo que se escucha a través de su web: Last.fm pone a disposición de los usuarios plug-ins que permiten hacer recuento de lo que se escucha en Windows Media Player, en Itunes e incluso en Spotify o en el Ipod. A partir de ahí, la posibilidad de extraer estadísticas de cuántas veces se ha escuchado cada tema son enormes.
  • Red Social. El usuario cuenta con un perfil propio en el que queda reflejado lo que pasa por el scrobbler. Eso también permite cotillear lo que escuchan sus amigos. Además, la propia web sugiere usuarios a los que merece la pena conocer según la afinidad en los gustos musicales.
  • Soporte para widgets. Dado que last.fm dejaba un espacio para que cada usuario personalizara su perfil, empezaron a aparecer desarrolladores independientes que crearon bonitos widgets a partir de los historiales de reproducción. Habrá quien vea esto como una bobada, pero a mí me encanta. Los collages de fotos de artistas, portadas de discos, nombres de estilos y logos de bandas, al estilo de los que nos currábamos en las carpetas del instituto, permiten aplicar la creatividad al perfil de una manera que ni siquiera a día de hoy permiten redes como Facebook, twitter o G+. Además de que esos widgets también se pueden exportar a otros sitios; de hecho, yo he recurrido a varios de ellos en mis posts de repaso a lo mejor del año.

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Estos son los grupos que más veces he escuchado desde 2009, según Last.fm

Yo creé mi primer perfil de usuario en el año 2008, y ya en 2009 abrí un segundo, que es el que utilizo en la actualidad. Por aquel entonces Last.fm posiblemente estaba en su momento más alto de popularidad. Sin embargo, la irrupción de Spotify dejó obsoleto el reproductor de música de Last.fm, y sus funciones sociales se fueron devaluando a medida que Facebook iba creciendo. A partir de algún momento, no sé, quizás por 2010 o 2011, empezó a notarse el inicio del lento y prolongado declive de Last.fm. Para mí hay dos factores que son tanto síntomas como consecuencias de este declive.

  • Nula integración en el actual entorno del internet social. En el año 2015 la web de Last.fm no cuenta con ningún botón para dar a Me gusta en Facebook, ni compartir en twitter ni en ningún otro sitio. No sé cómo lo veréis vosotros, pero, en mi opinión, una red social que no se integra con el resto de redes está condenada a desaparecer.
  • Estancamiento técnico. Creo que desde siempre los scrobblers han dado problemas de incompatibilidades y fallos. Eso es perfectamente comprensible, como cualquier otra aplicación informática destinada a funcionar sobre sistemas tan diferentes. Lo que no lo es tanto es el cada vez mayor desinterés de last.fm por solucionar estos problemas, e incluso por dar respuesta a las preguntas de los usuarios…
    Todo esto ha dado lugar a una fuga de usuarios, lo que se traduce en una caída de ingresos que dificulta que se pueda dar solución a estos problemas.

El último de ellos ha sido que el scrobbler no ha sido capaz de reconocer la última actualizacón del Itunes, que debió de llegar en algún momento de la primera semana de febrero. Desde entonces no hay manera de hacer el recuento de lo que se escucha a través de esa aplicación. Después de tres semanas Last.fm promete que pronto ofrecerá una solución, pero de mientras la cosa sigue parada. Algunos usuarios se han sacado de la manga parches para arreglar esto de forma provisional, pero son tan chapuceros que no terminan de ser útiles.

Y, claro, la sensación de que la página está herida de muerte crece. Y es una lástima, porque da pena dejar colgada una lista de más de 43000 escuchas, además de que ya digo que no he encontrado ninguna manera de scrobblear lo que escucho de la manera que lo hacía con esta web.

Como ya dije cuando hablé sobre Ipunkrock, fue bonito mientras duró. Pero parece que la cosa no da para más.

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