Cuatro apuntes sobre la investigación sobre la tumba de Cervantes

1398695633877

Durante las últimas semanas, informativos de todo tipo se han hecho eco de la campaña arqueológica que busca el cadáver de Miguel de Cervantes en el Convento de las Trinitarias de Madrid. A pesar del optimismo que envuelve a estas informaciones, lo que veo sobre este asunto no me están gustando nada. A partir de varias informaciones (especialmente esta aparecida en el Huffington Post, que básicamente la he escogido porque es bastante extensa) voy a exponer algunos de los aspectos que me resultan más molestos de todo este asunto.

  • Una investigación mediática. Les llamo así a aquellas que, más que responder a un proyecto científico de un cierto calado, se acercan a la actuación de lo que se conoce como un grupo de “buscadores de tesoros”. Investigaciones orientadas exclusivamente a rescatar objetos cargados de gran valor simbólico –como es el caso de las reliquias de un icono nacional español– o que permiten obtener una alta rentabilidad económica del trabajo –por ejemplo, convertir el convento en un lugar de peregrinación para un público dispuesto a pagar por entrar ya que en 2016 se cumplen 400 años del fallecimiento de Cervantes, o para vender a una productora de documentales la exclusiva de la investigación-, pero que no aportan conocimientos científicamente relevantes. En serio, aparte de esto que menciono, ¿qué aporta el descifrar qué parte de una montaña de astillas de huesos corresponde al Manco de Lepanto, más allá de alimentar el fetichismo necrofílico?
    Por otro lado, en este tipo de investigaciones se suelen emplear métodos de excavación destructivos, en los que se pasan por alto (o incluso se arrasan) elementos contextuales que pueden aportar informaciones muy valiosas, pero que no son tan “vistosos” como el tesoro a buscar. A menudo esto pone en riesgo la posibilidad de retomar el estudio del yacimiento una vez que se ha localizado el codiciado trofeo. En el artículo del Huffington Post, uno de los forenses de la investigación comenta:

    “Si encontramos un hueso que pertenece a una mujer o a un joven lo descartamos porque sabemos que ya no es Cervantes”.

    Dado que el artículo no profundiza en este tipo de aspectos técnicos, no quiero arriesgarme a protestar por una expresión que puede estar sacada de contexto (del mismo modo que el autor del texto no se termina de aclarar con la forma de escribir el nombre de esta persona). Pero sí que da un poco de mala espina oír hablar de sistemas de trabajo tan poco sostenibles.

  • Recursos, pero no para todos. En época de recortes, la práctica de la arqueología se encuentra en horas bajísimas. En un momento en el que el apoyo público a la investigación se ha desplomado, da rabia ver que se destinan recursos importantes a investigaciones con un interés arqueológico tan limitado. Desgraciadamente se pueden encontrar innumerables ejemplos de proyectos que a día de hoy se encuentran en una vía muerta por no encontrar apoyo de ningún tipo.
    También es llamativo el esfuerzo que se ha dedicado a esta excavación, mientras las exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil Española (investigaciones que responden a una amplia demanda social y científica) chocan con infinitas trabas.
    Mejor lo dejo ahí.
  • La cobertura del espectáculo. La noticia de la excavación ha llegado a ser cabecera de casi todos los informativos televisados. Esto es, ha recibido una atención infinitamente mayor que cualquier otro proyecto del estilo. Es una lástima que estas excavaciones mediáticas sean prácticamente las únicas sobre las que el gran público recibe alguna información.
    También es una lástima que la mayor parte de lo que se cuente en estas noticias sea información pobre, incompleta y muy sesgada. A menudo se hace más hincapié en virguerías tecnológicas (¿en cuántas noticias no ha aparecido la palabra georradar?) que en cuestiones metodológicas más relevantes (o se mencionan métodos chapuceros, como lo que dije antes sobre descartar huesos).
    Por otro lado, al final del artículo los portavoces del proyecto se alegran de esta manera:

    “Hemos conseguido colar la Ciencia y la Cultura en los infomativos y hacer que la gente se interese”

    Pues bien, lo de entrar en la televisión es un mérito que pueden estar orgullosos de compartir con Tomás Roncero, Aguasantas y Mariló Montero. Pero de paso podrían haber tratado de explicar la importancia real que tiene su trabajo.

  • Las Cortes de la muerte. ¿En algún momento se ha utilizado esta noticia para el fomento de la lectura o el estudio literario? Al menos de momento, no. Creo que lo única justificación convincente, tanto de esta investigación como del bombo que se le está dando, sería eso, convertirlo en un apoyo a alguna campaña de promoción de la obra de Cervantes. Pero no parece que sea el caso.
    Quizás mi visión sobre este asunto esté distorsionada por las atrocidades que sufrí en el instituto cuando me tocó estudiar literatura española anterior a la Generación del 98, y en especial la obra de Cervantes. Recuerdo que, para mis profesores, el valor de estas obras se ciñe a su contribución a la construcción la identidad nacional y a la demostración de que el español es mejor idioma que el inglés y que el francés. Pero daba la impresión de que nadie sabía explicar dónde estaba el valor literario de la obra. Ahora que lo pienso, debería dedicar un post a este asunto. Os garantizo que es más divertido que El Florido Pensil.
    La cosa es que me da la impresión de que a estas alturas casi nadie se molesta en explicar qué tiene de relevante el Quijote. Que no se nos olvide, que no es una obra fácil de asimilar. Que es un puto troncho más largo que El Señor de los Anillos. Y desde luego que literariamente es mucho más complejo. Y que además no es raro que se comercialice en ediciones no adaptadas, esto es, que están en un castellano que a día de hoy la mayoría no es capaz de entender. Y tampoco se recuerda que Cervantes escribió bastantes páginas además de las de El Quijote. En serio, si no se hace un esfuerzo por facilitar las cosas, la mayoría del público no va a poder con ello.

En fin, que lo que hacen falta son menos fantasmadas pseudoarqueológicas y más pedagogía literaria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *